-No olvides tomar la medicina.
-Sí, mamá.
-Y mantente abrigada.
-Sí, mamá.- repetí, bajándome del auto.
-¡Cuídate!
Me despedí con la mano y seguí mi camino.
Estaba totalmente desorientada, con la mente en blanco, pero revuelta. Era una sensación muy extraña, un vacío enorme y a la vez un agobio inmenso por la cantidad de cosas que iban de un lado a otro dentro de mí.
Estaba ansiosa por encontrarme a Christopher, aun si únicamente lo veía de lejos. Sin embargo, debajo de ese deseo (y encima, y revuelto, y mezclado), esperaba no verlo aquél día. Quizás tampoco los siguientes.
-Hola, Mel. ¿Cómo te sientes?
-Hola, Josh. Mmm... cómo decirlo para que suene elegante...
-Vale, me lo imagino.
Llovía torrencialmente mientras caminábamos a duras penas hacia la entrada del instituto, luchando por no ser aplastados por la marea de estudiantes que corría a refugiarse.
-¿Dónde está Ian? ¿Y Nathan?- era extraño no verlos con Josh en el inicio de un día lluvioso.
-Adentro. Yo estaba esperándote.
Lo abracé y seguimos caminando así, aun cuando ya habíamos entrado al edificio.
-Gracias, no tenías que hacerlo. Estás todo mojado.
-Ya, pero soy mucho más resistente que cierta señorita que conozco...
Reímos.
Pero había algo muy raro en todo eso.
-Josh, ¿por qué...?
-Tengo que irme a química.- me interrumpió.- Hola, James.
-Hola, Josh. Hola, Mel.
-Los dejo, ya voy tarde.
-De acuerdo...- definitivamente, algo muy raro.
-¿Vamos? Nos toca lingüística, juntos.
-¿Estás en todas mis clases, o qué?
-Más o menos, pero tengo más clases que tú.
-Eres un acosador.- lo golpeé suavemente en el brazo.
-Puede ser... he pensado seriamente en convertirme en tu psicópata personal.- bromeó, levantándome en brazos y haciéndome girar en el aire.- ¿Te parece?- apoyó su frente contra la mía.- Así no nos separaremos más...
-James...
-Lo sé, lo sé.- suspiró, bajándome.- Lo estoy haciendo mal, ¿no?
-No es eso... es sólo que... bueno, ¡no lo sé!
-No te preocupes. Entremos a clases.
La hora pasó lento. James actuaba muy extraño, sus frases eran cada vez más sugerentes y me asustaban un poco, no porque creyera que estaba demente, sino porque, tal vez, realmente me quería de esa manera que tanto le gustaba decir.
Y eso sería horrible en aquél momento de mi vida...
Quizás hace unos años...
No. Ni siquiera entonces.
Mi clase de literatura acababa de terminar, y Josh salió corriendo tras el profesor, resuelto a obtener el puntaje que creía merecer en su texto.
Estaba colocando mis cosas de vuelta en la mochila, cuando alguien me tomó con mucha fuerza por el brazo y me giró con total dramatismo.
Estaba colocando mis cosas de vuelta en la mochila, cuando alguien me tomó con mucha fuerza por el brazo y me giró con total dramatismo.
-¿Qué crees que estás haciendo?- casi gritó en mi cara una furiosa Rachel Simmons.
Mi cerebro activó la alarma en todo mi cuerpo, y un sarcasmo helado me subió por la garganta.
-Guardando mis cosas, ¿te enseño? No es tan difícil de hacer, pero puede que a ti te cueste un poco cogerle el ritmo.
-No te hagas la tonta. Hablo de James. ¿Qué pretendes?
Samanta, que se sentaba junto a mí en esa clase, tomó a su amiga por los hombros para que me soltara.
-Rach, cálmate.- le dijo.
-No te metas, Sam, y menos para defenderla.
Colgué mi mochila de mi hombro y tomé mi chaqueta para irme, pero Rachel la tomó también.
Me paralicé en ese momento. No porque ella me diera miedo, sino por mi chaqueta. Estaba algo vieja, y las costuras no aguantarían un tirón muy fuerte... y ya había comprobado que, si había algo que a esa chica le sobraba, era fuerza física.
-No tengo todo el día, Rachel, así que, si no tienes nada inteligible que decirme, déjame en paz.
Un momento
demasiado corto para mi gusto.
-Si crees
que me voy a comprar tu faceta de niña indiferente y fría, pues sigue
esperando. Sé dónde te duele, Melissa, así que no juegues conmigo.
-Ya estoy
bien crecidita para ponerme a jugar, y mucho menos contigo. Y sólo para que lo
sepas, lo que pienses de mí me importa tanto como la tintura de tu cabello.
En cuanto
acabé de decir esa frase, supe que me había buscado un gran problema.
Si había
algo que esa chica amaba era su "rubio cabello".
-¡No te
metas conmigo!- gritó, tirando de mi chaqueta.
¡Y vaya que
se rompió!
Ella quedó
con una manga y un trozo de cuello, y yo con el resto de la prenda, en una
calidad bastante deplorable.
-No sé cómo
puedes tenerlos...
-¿De qué
estás hablando?- ahora me tocaba a mí sorprenderme.
-Ese par de
gemelos que están buenísimos, incluso a Nathan, el capitán del equipo de básquetbol... y no te conformas con eso, ¡si no que ahora vas por James! Hasta con mi adorado
Chris te he visto un par de veces.- me cogió del cabello y me tiró hacia
atrás.- No sabes quién soy. Aléjate de lo que es mío.
La golpeé
con fuerza en el brazo, y me soltó.
Acababa de
hacerme enojar de verdad.
-¡Si tanto
quieres a Christopher, pues vete con él, que hacen buena pareja! ¡James no es
nada tuyo, así que déjalo tranquilo!- respiré profundo al darme cuenta que
estaba gritando.- Si dices que adoras a Christopher, ¿qué te importa lo que
pase entre James y yo? ¿Qué te importan Ian, Josh o Nathan? ¡Deja de meterte en
mi vida!
Le lancé los
restos de lo que fue mi chaqueta, y aproveché su desconcierto para largarme.
Afuera
estaba Christopher con una expresión fría en su rostro.
-¿Estabas... escuchando?- pregunté entre temerosa y enojada.
-Sí. Y creo
que entiendo por qué no quieres nada conmigo.- lo miré sin entender.- Tú
quieres a James.
¡Genial!
¡Eso era el límite! Primero Rachel, y ahora él. ¿Por qué sacaban conclusiones
sin preguntarme? ¿Por qué no dejaban de meterse en mi vida, de revolverlo todo
como ellos querían? Yo sabía muy bien qué sentía por quién, y si el imbécil que
tenía en frente no era capaz de ver cuánto me atraía, ¡que se fuera con
cualquiera y me dejara en paz!
-¡Cree lo
que quieras!
No tenía
ganas de seguir gritando, y tenía sed.
“Cafetería,
sálvame un momento.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario