-Siéntate un
momento.-me pidió, tan amablemente como pudo.
-No
quiero...
Él rió un
poco y me tomó por detrás de los hombros hasta dejarme sentada, apoyada contra
el respaldo de mi cama. Cogió un cojín suave y me lo puso detrás.
-Gracias.-
murmuré.
-Ahora, bebe
un poco.- me tendió un vaso con agua.- Está tibia. Puede que no sea muy
agradable, pero no te hará daño.
Lo acepté
sin decir una palabra y bebí despacio. Le devolví el vaso, pero me lo rechazó.
-Todo.-
gruñí ante tal orden.- Es por tu bien, Melissa.
-Bien...
Seguí
bebiendo, mientras miraba por la ventana. Llovía demasiado, y mamá había salido
en auto...
Algo me
oprimió el pecho.
-¿Dónde está
Mia?- pregunté.
-En casa de
una amiga.
-¿Y Demian?
-En mi casa.
-¿Y mi
padre?
-Tu madre dijo
que está fuera por unos días.
-¿Por qué
sabes más de mi familia que yo?- protesté.
-El que
estés peleando quiere decir que te sientes mejor.- sonrió mientras me quitaba
el vaso vacío de las manos.
-Sí, algo
así.- mi cabeza ya no dolía tanto, y beber algo me estaba permitiendo hablar.- No es
necesario que te quedes.- le dije, sin despegar la vista de la ventana.
-Lo sé, pero
le prometí a tu madre que te cuidará hasta que volviera.
“Genial...
Gracias mamá, algún día te encerraré en algún sitio con tu pesadilla viviente,
a ver si me lo agradeces... Eso cuando descubra si tienes una pesadilla
viviente...”
-Melissa.
¿Melissa?
-¿Ah?
-Tu celular
está sonando...
-Oh, eso.-
lo tomé. Era James.- Hola.
-Hola,
preciosa. ¿Cómo te sientes?
-Algo mejor,
gracias.
-¿Quieres
que vaya a hacerte compañía un rato? Acabo de recoger mi auto del taller.
-No,
gracias, ya están cuidándome aquí. Vete a tu casa.
-No te
preocupes, no soy tan debilucho como tú. Un par de gotas de lluvia no me harán
gran cosa.
-Si tú lo
dices... Sólo cuídate.
-¿Estás
preocupada?
-Claro que
estoy preocupada, idiota.- sonreí ligeramente.- Andas afuera con este clima, y
encima te jactas de ser fuerte... sigues igual que siempre.
-No te
alteres, Mel, ya me voy a casa. Descansa. Espero verte mañana. Mejórate.
-Sí, gracias
por llamar. Adiós.
-Te quiero...
más de lo que crees. Nos vemos.
Colgó. Y me
dejó nuevamente con su discurso en la cabeza.
-¿Quién era?
-James...-
su tono posesivo me hizo responder al instante.
Estaba... ¿celoso? La idea me llenaba de una misteriosa satisfacción.
Se giró a
abrir su mochila y buscó algo.
-¿Quieres
jugar a una cosa mientras llega tu madre?
-Depende...-
empezaba a asustarme... y a divertirme al mismo tiempo.
-Bien.- se
sentó en mi cama con una bolsa de caramelos.- Tú cierras los ojos y yo te
acerco el caramelo. Tienes que adivinar de qué sabor y qué clase de dulce es
sólo usando tu boca. Si haces trampas o tratas de mirar, te haré cosquillas.
Sonaba
divertido...
-Está bien.-
acepté. Seguía sintiéndome muy mal, pero poder pasar unos minutos con él, de
manera tranquila y agradable, me daba una voluntad capaz de sobrellevar
cualquier malestar. O, al menos, así lo sentía.
Cerré los
ojos. Oí cómo abría el paquete y cómo se acercaba.
-Aquí va el
primero.
Lo puso
contra mis labios, y abrí la boca para comenzar el juego. Mordí un poco. Era
algo blando... ¿una gomita? ¿Un chicle? Le pasé la lengua... era... ácido, pero
estaba cubierto de azúcar.
-¿Es una
gomita de... limón?
-Ya puedes
abrir los ojos.
Obedecí.
-¡Gané!
-Ésta era
fácil, así que el premio es para mí...- dijo, comiéndose la gomita.- ¡Oye! Le
sacaste todo el azúcar...
Algo cálido
me recorrió súbitamente, de forma muy intensa. Y no tenía nada que ver con la
fiebre
-¿Vamos con
otro?
-Claro...
Cerré los
ojos de nuevo. Esta vez era algo más blando, y también esponjoso. Le saqué un
pedazo. Dulce, algo pegajoso, y hacía un sonido divertido al masticarlo.
-Malvavisco.-
adiviné, abriendo los ojos.
-Vaya... eres
buena en este juego. Toma.- me dio la golosina en la boca, y tuve que reprimir
un escalofrío.- Ahora sí te lo pondré difícil.
-Eso está
por verse.
Cerré los
ojos por tercera vez. El juego comenzaba a ser divertido de verdad.
En cuanto el
dulce se apoyó en mis labios, tuve una sensación extraña. Era mucho más suave
que cualquier cosa que hubiera probado. ¿Y si era de esos que de desarman con
facilidad? Se rompería sin que tuviera oportunidad de adivinar...
No, claro
que no.
Le pase la
lengua con cuidado... no era exactamente dulce, al menos no como los demás.
¿Qué era? Entreabrí un poco los ojos, sólo para echar una miradita rápida...
Pero tuve
que abrir los ojos por completo. ¡No era un caramelo, era Christopher!
Por un
segundo me espanté, pero al ver la expresión de su rostro, algo dentro de mí se
encendió. Y quise besarlo, lo necesitaba.
Y de seguro
eso era lo que él quería...
Bueno, ese
juego se podía jugar de a dos.
-No puedo
adivinar qué es...- murmuré, apartándome sólo unos centímetros, cosa que el
pudiera sentir mi respiración en su boca. Lo observé contener la respiración y
soltarla muy lento, en medio de una especie de temblor.
Lo mordí.
Sólo un poco, muy suave...
Y
bruscamente se apartó. Se tendió en la cama y se cubrió el rostro con una mano.
-Abriste los
ojos.- murmuró, respirando muy profundo.
-Tú no me
diste un caramelo.- mi voz sonó algo triste.
¿Por qué...
se había apartado?
Repentinamente
se incorporó y me abrazó con fuerza. Estaba temblando. Y entonces me di cuenta
que yo también. Y me abracé a él.
-Lo
siento... es sólo que...- inspiró muy hondo antes de seguir en un susurro.- Fue
demasiado intenso. Si seguías haciéndome sentir así yo... no podía... lo
siento.
-Está bien,
no te preocupes.
-No, no está
bien.- se alejó un poco y me tomó de la mano.- Me gustas mucho, Melissa.
No tuve
tiempo de reaccionar. Me besó de una forma tan dulce que no tuve que molestarme
ni en pensar, porque mi cuerpo dejó de responderme.
-Esto no
está bien.- me sentía triste y dejé que lo notara.- ¿Qué hay de... Rachel... y
Louise?
Sus ojos
brillaron... o eso me pareció ver.
-No me digas
que estás celosa.
-¡Claro que
no!- su decepción me hizo rectificar un poco.- Aunque no es muy diferente de
cómo tu pareces sentirte cuando me vez abrazada a James o a Nathan... o incluso
a alguno de los gemelos.
-Entonces
estás muy celosa.- su respuesta me dejó en blanco. Y luego me llenó el mundo de
colores.- Lo que tú provocas en mí, no tiene comparación con nada que haya
sentido antes. Es especial, Melissa. Y no quiero perderlo. No quiero perderte.
Rocé su mano
con la mía, y toda mi piel reaccionó con su contacto.
-No quiero
esto.- mi voz era casi inaudible.- No de esta forma.
-¿Qué
quieres decir?
-Que no me
conoces lo suficiente para decirme todo eso. Es cierto que se siente... muy especial.
Es indescriptible. Pero esto... es sólo físico. No es lo que busco.
-¿Y qué es
lo que buscas, Melissa?- sus ojos parecían querer encontrar respuesta en los
míos.
-No puedo
decirte.- sonreí con tristeza.
Una vocecita
dentro de mí me dijo que no tenía remedio. ¿Acaso pretendía que leyera mis
pensamientos? Me estaba comportando como el tipo de chica que me desagradaba,
pero se me hacía inevitable.
No quería
pedirle nada...
Deseaba que
naciera de él.
-Entonces lo
averiguaré. Y lo traeré para ti. Te daré lo que quieras.- se detuvo a acomodar
mi cabello un instante.- Sólo... no te alejes de mí por tanto tiempo. Por
favor.
-De
acuerdo... lo intentaré...
En eso sonó
la puerta de la casa. Era mamá que había llegado de la farmacia.
Christopher
tomó sus cosas y yo me acomodé en la cama, con el corazón latiendo muy fuerte.
-Cuídate.-
me besó en la frente y abrió la puerta.
-Christopher...
-Dime.-
sonrió.
Y le sonreí
de vuelta, como hechizada por su encanto.
-Me gustas.
Hizo ademán
de regresar hasta mí, pero se lo pensó mejor.
-Descansa,
preciosa. Te estaré esperando.
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