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domingo, 15 de marzo de 2015

Enfermedades y Sabores. Parte II.

-Siéntate un momento.-me pidió, tan amablemente como pudo.
-No quiero...
Él rió un poco y me tomó por detrás de los hombros hasta dejarme sentada, apoyada contra el respaldo de mi cama. Cogió un cojín suave y me lo puso detrás.
-Gracias.- murmuré.
-Ahora, bebe un poco.- me tendió un vaso con agua.- Está tibia. Puede que no sea muy agradable, pero no te hará daño.
Lo acepté sin decir una palabra y bebí despacio. Le devolví el vaso, pero me lo rechazó.
-Todo.- gruñí ante tal orden.- Es por tu bien, Melissa.
-Bien...
Seguí bebiendo, mientras miraba por la ventana. Llovía demasiado, y mamá había salido en auto...
Algo me oprimió el pecho.
-¿Dónde está Mia?- pregunté.
-En casa de una amiga.
-¿Y Demian?
-En mi casa.
-¿Y mi padre?
-Tu madre dijo que está fuera por unos días.
-¿Por qué sabes más de mi familia que yo?- protesté.
-El que estés peleando quiere decir que te sientes mejor.- sonrió mientras me quitaba el vaso vacío de las manos.
-Sí, algo así.- mi cabeza ya no dolía tanto, y beber algo me estaba permitiendo hablar.- No es necesario que te quedes.- le dije, sin despegar la vista de la ventana.
-Lo sé, pero le prometí a tu madre que te cuidará hasta que volviera.
“Genial... Gracias mamá, algún día te encerraré en algún sitio con tu pesadilla viviente, a ver si me lo agradeces... Eso cuando descubra si tienes una pesadilla viviente...”
-Melissa. ¿Melissa?
-¿Ah?
-Tu celular está sonando...
-Oh, eso.- lo tomé. Era James.- Hola.
-Hola, preciosa. ¿Cómo te sientes?
-Algo mejor, gracias.
-¿Quieres que vaya a hacerte compañía un rato? Acabo de recoger mi auto del taller.
-No, gracias, ya están cuidándome aquí. Vete a tu casa.
-No te preocupes, no soy tan debilucho como tú. Un par de gotas de lluvia no me harán gran cosa.
-Si tú lo dices... Sólo cuídate.
-¿Estás preocupada?
-Claro que estoy preocupada, idiota.- sonreí ligeramente.- Andas afuera con este clima, y encima te jactas de ser fuerte... sigues igual que siempre.
-No te alteres, Mel, ya me voy a casa. Descansa. Espero verte mañana. Mejórate.
-Sí, gracias por llamar. Adiós.
-Te quiero... más de lo que crees. Nos vemos.
Colgó. Y me dejó nuevamente con su discurso en la cabeza.
-¿Quién era?
-James...- su tono posesivo me hizo responder al instante.
Estaba... ¿celoso? La idea me llenaba de una misteriosa satisfacción.
Se giró a abrir su mochila y buscó algo.
-¿Quieres jugar a una cosa mientras llega tu madre?
-Depende...- empezaba a asustarme... y a divertirme al mismo tiempo.
-Bien.- se sentó en mi cama con una bolsa de caramelos.- Tú cierras los ojos y yo te acerco el caramelo. Tienes que adivinar de qué sabor y qué clase de dulce es sólo usando tu boca. Si haces trampas o tratas de mirar, te haré cosquillas.
Sonaba divertido...
-Está bien.- acepté. Seguía sintiéndome muy mal, pero poder pasar unos minutos con él, de manera tranquila y agradable, me daba una voluntad capaz de sobrellevar cualquier malestar. O, al menos, así lo sentía.
Cerré los ojos. Oí cómo abría el paquete y cómo se acercaba.
-Aquí va el primero.
Lo puso contra mis labios, y abrí la boca para comenzar el juego. Mordí un poco. Era algo blando... ¿una gomita? ¿Un chicle? Le pasé la lengua... era... ácido, pero estaba cubierto de azúcar.
-¿Es una gomita de... limón?
-Ya puedes abrir los ojos.
Obedecí.
-¡Gané!
-Ésta era fácil, así que el premio es para mí...- dijo, comiéndose la gomita.- ¡Oye! Le sacaste todo el azúcar...
Algo cálido me recorrió súbitamente, de forma muy intensa. Y no tenía nada que ver con la fiebre
-¿Vamos con otro?
-Claro...
Cerré los ojos de nuevo. Esta vez era algo más blando, y también esponjoso. Le saqué un pedazo. Dulce, algo pegajoso, y hacía un sonido divertido al masticarlo.
-Malvavisco.- adiviné, abriendo los ojos.
-Vaya... eres buena en este juego. Toma.- me dio la golosina en la boca, y tuve que reprimir un escalofrío.- Ahora sí te lo pondré difícil.
-Eso está por verse.
Cerré los ojos por tercera vez. El juego comenzaba a ser divertido de verdad.
En cuanto el dulce se apoyó en mis labios, tuve una sensación extraña. Era mucho más suave que cualquier cosa que hubiera probado. ¿Y si era de esos que de desarman con facilidad? Se rompería sin que tuviera oportunidad de adivinar...
No, claro que no.
Le pase la lengua con cuidado... no era exactamente dulce, al menos no como los demás. ¿Qué era? Entreabrí un poco los ojos, sólo para echar una miradita rápida...
Pero tuve que abrir los ojos por completo. ¡No era un caramelo, era Christopher!
Por un segundo me espanté, pero al ver la expresión de su rostro, algo dentro de mí se encendió. Y quise besarlo, lo necesitaba.
Y de seguro eso era lo que él quería...
Bueno, ese juego se podía jugar de a dos.
-No puedo adivinar qué es...- murmuré, apartándome sólo unos centímetros, cosa que el pudiera sentir mi respiración en su boca. Lo observé contener la respiración y soltarla muy lento, en medio de una especie de temblor.
Lo mordí. Sólo un poco, muy suave...
Y bruscamente se apartó. Se tendió en la cama y se cubrió el rostro con una mano.
-Abriste los ojos.- murmuró, respirando muy profundo.
-Tú no me diste un caramelo.- mi voz sonó algo triste.
¿Por qué... se había apartado?
Repentinamente se incorporó y me abrazó con fuerza. Estaba temblando. Y entonces me di cuenta que yo también. Y me abracé a él.
-Lo siento... es sólo que...- inspiró muy hondo antes de seguir en un susurro.- Fue demasiado intenso. Si seguías haciéndome sentir así yo... no podía... lo siento.
-Está bien, no te preocupes.
-No, no está bien.- se alejó un poco y me tomó de la mano.- Me gustas mucho, Melissa.
No tuve tiempo de reaccionar. Me besó de una forma tan dulce que no tuve que molestarme ni en pensar, porque mi cuerpo dejó de responderme.
-Esto no está bien.- me sentía triste y dejé que lo notara.- ¿Qué hay de... Rachel... y Louise?
Sus ojos brillaron... o eso me pareció ver.
-No me digas que estás celosa.
-¡Claro que no!- su decepción me hizo rectificar un poco.- Aunque no es muy diferente de cómo tu pareces sentirte cuando me vez abrazada a James o a Nathan... o incluso a alguno de los gemelos.
-Entonces estás muy celosa.- su respuesta me dejó en blanco. Y luego me llenó el mundo de colores.- Lo que tú provocas en mí, no tiene comparación con nada que haya sentido antes. Es especial, Melissa. Y no quiero perderlo. No quiero perderte.
Rocé su mano con la mía, y toda mi piel reaccionó con su contacto.
-No quiero esto.- mi voz era casi inaudible.- No de esta forma.
-¿Qué quieres decir?
-Que no me conoces lo suficiente para decirme todo eso. Es cierto que se siente... muy especial. Es indescriptible. Pero esto... es sólo físico. No es lo que busco.
-¿Y qué es lo que buscas, Melissa?- sus ojos parecían querer encontrar respuesta en los míos.
-No puedo decirte.- sonreí con tristeza.
Una vocecita dentro de mí me dijo que no tenía remedio. ¿Acaso pretendía que leyera mis pensamientos? Me estaba comportando como el tipo de chica que me desagradaba, pero se me hacía inevitable.
No quería pedirle nada...
Deseaba que naciera de él.
-Entonces lo averiguaré. Y lo traeré para ti. Te daré lo que quieras.- se detuvo a acomodar mi cabello un instante.- Sólo... no te alejes de mí por tanto tiempo. Por favor.
-De acuerdo... lo intentaré...
En eso sonó la puerta de la casa. Era mamá que había llegado de la farmacia.
Christopher tomó sus cosas y yo me acomodé en la cama, con el corazón latiendo muy fuerte.
-Cuídate.- me besó en la frente y abrió la puerta.
-Christopher...
-Dime.- sonrió.
Y le sonreí de vuelta, como hechizada por su encanto.
-Me gustas.
Hizo ademán de regresar hasta mí, pero se lo pensó mejor.
-Descansa, preciosa. Te estaré esperando.

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