Después de seis pacíficos días en mi casa, el regreso a clases me llegó como un balde de agua fría. Ya estaba completamente sana, pero, por si acaso, llevaba una bufanda y un suéter grueso, además de un paraguas en mi mochila, el que planeaba tener siempre conmigo para evitar incidentes...
Al llegar al instituto, Ian me contó que Josh y Nathan estaban enfermos; al parecer Josh había caído primero, y luego, al ir a casa de Nathan por el fin de semana, lo contagió.
-Me siento genial de no haberme contagiado, a pesar de vivir con Josh. ¡Es como si fuera inmune!
-Te oyes animado... pero te ves triste.
Hizo una mueca de desagrado, pero no dijo nada.
Él tenía entrenamiento de básquetbol, y yo tenía dos horas libres, y luego clase de historia.
Decidí que me comportaría como una amiga decente y conseguiría los apuntes que Nathan estaba perdiendo debido a su condición. No se me hizo nada sencillo encontrar a alguien que estuviese en su misma clase de física, menos aún hablarle a perfectos desconocidos para pedir prestadas sus notas y fotocopiarlas. Lo de historia ya se lo pasaría yo, y en cuanto a química, podía pedírselo a Kate.
Curiosamente, fue en aquella clase donde se conocieron.
La encontré al final del día, saliendo del instituto.
No hablaba con ella desde hace un tiempo, y no estaba segura de cómo acercarme, pero ella me vio y sonrió.
Era suficiente.
-¡Mel!- saludó alegremente.- Hace días que no te veo. ¿Cómo has estado?
-En cama, muriendo. Pero ya estoy mejor.
-Es extraño que andes sola.- señaló.
-Oh, eso...- me sorprendió dar la imagen de alguien dependiente, pero comprendí por qué podría verse de esa forma.- Ian tiene práctica, y los demás están enfermos. De hecho, iba a casa de Nathan a dejarle unas cosas. ¿Crees que puedes prestarme los apuntes de tu clase de química, para él?
Se quedó pensativa.
-No estoy segura, tengo que rellenar un informe, y necesito mi cuaderno...
Entonces sentí un golpe de genialidad brotar de alguna parte, y me felicité internamente por la maravillosa idea.
-¿Qué te parece si me acompañas?- traté de sonreír tanto como mi ánimo interior me dejaba hacerlo.- Sólo tendrías que esperar a que Nathan escriba lo que necesite, no tomará mucho.- quise sonar convincente.
Dedicó todo un largo minuto a considerarlo, y finalmente accedió.
Quizás la suerte por fin estaba de mi lado.
Decidí que me comportaría como una amiga decente y conseguiría los apuntes que Nathan estaba perdiendo debido a su condición. No se me hizo nada sencillo encontrar a alguien que estuviese en su misma clase de física, menos aún hablarle a perfectos desconocidos para pedir prestadas sus notas y fotocopiarlas. Lo de historia ya se lo pasaría yo, y en cuanto a química, podía pedírselo a Kate.
Curiosamente, fue en aquella clase donde se conocieron.
La encontré al final del día, saliendo del instituto.
No hablaba con ella desde hace un tiempo, y no estaba segura de cómo acercarme, pero ella me vio y sonrió.
Era suficiente.
-¡Mel!- saludó alegremente.- Hace días que no te veo. ¿Cómo has estado?
-En cama, muriendo. Pero ya estoy mejor.
-Es extraño que andes sola.- señaló.
-Oh, eso...- me sorprendió dar la imagen de alguien dependiente, pero comprendí por qué podría verse de esa forma.- Ian tiene práctica, y los demás están enfermos. De hecho, iba a casa de Nathan a dejarle unas cosas. ¿Crees que puedes prestarme los apuntes de tu clase de química, para él?
Se quedó pensativa.
-No estoy segura, tengo que rellenar un informe, y necesito mi cuaderno...
Entonces sentí un golpe de genialidad brotar de alguna parte, y me felicité internamente por la maravillosa idea.
-¿Qué te parece si me acompañas?- traté de sonreír tanto como mi ánimo interior me dejaba hacerlo.- Sólo tendrías que esperar a que Nathan escriba lo que necesite, no tomará mucho.- quise sonar convincente.
Dedicó todo un largo minuto a considerarlo, y finalmente accedió.
Quizás la suerte por fin estaba de mi lado.