Estaba de
pie junto a una ventana cuando, en medio del ruido y las luces, alguien me
abrazó por detrás.
-Perdóname,
Melissa.
Vaya que no
me había equivocado. Nathan había ido con el cuento a James.
-James...
-Sé que te
hice mucho daño... Cada vez que Nathan me contaba cómo estabas, sentía ganas de
mandar a Rachel al carajo y volver por ti, pero no podía.- me estrechó con más
fuerza.- De verdad lo siento.
No podía
olvidar tan fácilmente. Habían sido años de encuentros desagradables, palabras
duras, crueles.
Pero él
también debía haber sufrido...
-Me alegra
que al menos no nos dejaras por Chloe.- sonreí un poco.
Me besó en
el pelo, y me sentí feliz de tenerlo de vuelta.
-Te extrañé,
Mel.
-Yo también,
no tienes idea de cuánto.
Estaba en el
baño del local, y me disponía a salir, cuando oí voces discutiendo. Se
acercaban, y pude reconocerlas a tiempo para esconderme en una de las cabinas.
-¡No tienes
derecho a decir eso!
-¡Déjame
sola, Ian!
Samanta e
Ian entraron a toda prisa. Me subí al inodoro y me apoyé en la pared para ver
por la rendija.
¿Qué demonios estaba haciendo?
¿Qué demonios estaba haciendo?
Supongo que
eso era lo de menos.
-¿Cómo
puedes decir algo así?- mi amigo estaba algo borracho, además de furioso.
-¡Es la
verdad! - Sam también había bebido, pero se veía mucho más... sana que él.- No
sé cuál es tu problema, ¡pero no puedes ir por ahí golpeando gente!
Entonces era
eso...
-¡Y tú... tú
no puedes ir por ahí dejando que cualquiera te bese!
Aguanté la
respiración un momento, sorprendida. ¿Ian estaba celoso? ¿Cómo era eso posible?
-¡No es
cualquiera!- rebatió Sam.- Él es muy bueno conmigo, y me gusta. ¿Qué tiene de
malo?
-Pero él no
es tu novio.
-¿Y eso qué?
¿Por qué tengo que darte explicaciones a ti?
Quise salir
para frenar a Ian, pero era tarde.
Inmovilizó a
Samanta contra una pared y la besó. El corazón me dio un vuelco al recordar
cierto acontecimiento en la puerta de cierta casa.
Pero no era
momento para eso.
-¡Ian,
déjame!- Sam, contra todo pronóstico, lo empujó- ¡Estás borracho!
-No quiero
perderte.
Una lágrima
rodó hasta el cuello de Ian.
Nunca lo
había visto así.
-No sabes lo
que dices, tú...- él la besó de nuevo, sin dejarla terminar.- Ian...
-Samanta, te
amo.
-Debiste
pensarlo mucho tiempo atrás...
Él la soltó,
en un arranque de ira hacia sí mismo, y pateó la puerta de una de las cabinas.
Por fortuna, no era la mía.
-¡Eso ya lo
sé!- estaba llorando tan escandalosamente, que me tomé las manos para frenar mi
impulso de salir y abrazarlo.- Pero... soy un idiota, quería seguir probando
cosas...
-Mujeres.-
corrigió ella.
-Lo que
sea... es sólo que... fui tan estúpido al pensar que cuando quisiera estar
contigo, tú estarías esperándome...
Ella se
acercó lentamente, y los ojos de Ian brillaron de forma indescriptible... y en
eso, Josh entró.
-Aquí
estás.- se le veía molesto.- Vámonos Ian, ya has causado suficientes problemas
hoy.
Él quiso
protestar, pero tal vez ver a su gemelo tan serio lo hizo cambiar de opinión.
Samanta se
quedó parada frente al espejo, llorando.
Y yo me
desesperé.
Necesitaba
que ella se fuera para poder salir, y si no salía pronto, mis amigos se irían
sin mí.
Abrieron la
puerta nuevamente.
-Sam, Chloe
te está buscando.
Ay, no. Era
Christopher.
-Está bien,
gracias, Chris.
La puerta se
cerró nuevamente, y se hizo silencio. Qué suerte la mía.
Salí muy
despacio y cerré con cuidado.
-¿Qué hacías
ahí escondida?
Casi me
muero del susto. Él seguía adentro, apoyado en la puerta de entrada.
-¿Qué haces
tú en el baño de chicas?
-Seguro que
ya lo oíste...
-Sí, pero
sigues adentro.
-Te vi
entrar.- sentenció, caminando hasta mí.
Su mirada me
atravesó de forma muy intensa. Se inclinó para besarme, y en eso escuchamos la
manilla de la puerta.
El pánico
cruzó por su semblante, me empujó dentro de una cabina y cerró, increíblemente
sin hacer ruido.
Abrí la boca
para preguntar por qué había sido eso, pero me la tapó con su mano.
-No hagas
ruido.- me dijo al oído con una voz, a mí parecer, más ronca de lo necesario.
Estaba
incómoda en ese sitio tan estrecho, con él tan cerca, con su agitada
respiración en mi cuello.
La puerta se
abrió de nuevo, y el sonido de tacones resonó en el baño.
Christopher
me empujó hasta la esquina más alejada de la puerta… es decir, como dos pasos
más allá de nuestra posición original.
-Deja que me
aleje un poco, el sitio no es tan pequeño como para que estemos tan cerca.-
reclamé en voz tan baja como pude.
Me tapó la
boca otra vez, y lo mordí. No me gustaba eso.
Una mueca de
dolor se dibujó en su cara.
Me sentí
algo culpable...
Quise
decirle que se lo merecía, pero esta vez su boca fue lo que cubrió la mía.
Nos besamos
como si fuese la última vez que pudiésemos hacerlo, con intensidad,
necesitándonos. Me faltaba el aire, pero creía que podía acostumbrarme a eso.
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