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lunes, 9 de marzo de 2015

Abandono y Despegue. Parte IV.

Estaba de pie junto a una ventana cuando, en medio del ruido y las luces, alguien me abrazó por detrás.
-Perdóname, Melissa.
Vaya que no me había equivocado. Nathan había ido con el cuento a James.
-James...
-Sé que te hice mucho daño... Cada vez que Nathan me contaba cómo estabas, sentía ganas de mandar a Rachel al carajo y volver por ti, pero no podía.- me estrechó con más fuerza.- De verdad lo siento.
No podía olvidar tan fácilmente. Habían sido años de encuentros desagradables, palabras duras, crueles.
Pero él también debía haber sufrido...
-Me alegra que al menos no nos dejaras por Chloe.- sonreí un poco.
Me besó en el pelo, y me sentí feliz de tenerlo de vuelta.
-Te extrañé, Mel.
-Yo también, no tienes idea de cuánto.


Estaba en el baño del local, y me disponía a salir, cuando oí voces discutiendo. Se acercaban, y pude reconocerlas a tiempo para esconderme en una de las cabinas.
-¡No tienes derecho a decir eso!
-¡Déjame sola, Ian!
Samanta e Ian entraron a toda prisa. Me subí al inodoro y me apoyé en la pared para ver por la rendija. 
¿Qué demonios estaba haciendo?
Supongo que eso era lo de menos.
-¿Cómo puedes decir algo así?- mi amigo estaba algo borracho, además de furioso.
-¡Es la verdad! - Sam también había bebido, pero se veía mucho más... sana que él.- No sé cuál es tu problema, ¡pero no puedes ir por ahí golpeando gente!
Entonces era eso...
-¡Y tú... tú no puedes ir por ahí dejando que cualquiera te bese!
Aguanté la respiración un momento, sorprendida. ¿Ian estaba celoso? ¿Cómo era eso posible?
-¡No es cualquiera!- rebatió Sam.- Él es muy bueno conmigo, y me gusta. ¿Qué tiene de malo?
-Pero él no es tu novio.
-¿Y eso qué? ¿Por qué tengo que darte explicaciones a ti?
Quise salir para frenar a Ian, pero era tarde.
Inmovilizó a Samanta contra una pared y la besó. El corazón me dio un vuelco al recordar cierto acontecimiento en la puerta de cierta casa.
Pero no era momento para eso.
-¡Ian, déjame!- Sam, contra todo pronóstico, lo empujó- ¡Estás borracho!
-No quiero perderte.
Una lágrima rodó hasta el cuello de Ian.
Nunca lo había visto así.
-No sabes lo que dices, tú...- él la besó de nuevo, sin dejarla terminar.- Ian...
-Samanta, te amo.
-Debiste pensarlo mucho tiempo atrás...
Él la soltó, en un arranque de ira hacia sí mismo, y pateó la puerta de una de las cabinas. Por fortuna, no era la mía.
-¡Eso ya lo sé!- estaba llorando tan escandalosamente, que me tomé las manos para frenar mi impulso de salir y abrazarlo.- Pero... soy un idiota, quería seguir probando cosas...
-Mujeres.- corrigió ella.
-Lo que sea... es sólo que... fui tan estúpido al pensar que cuando quisiera estar contigo, tú estarías esperándome...
Ella se acercó lentamente, y los ojos de Ian brillaron de forma indescriptible... y en eso, Josh entró.
-Aquí estás.- se le veía molesto.- Vámonos Ian, ya has causado suficientes problemas hoy.
Él quiso protestar, pero tal vez ver a su gemelo tan serio lo hizo cambiar de opinión.
Samanta se quedó parada frente al espejo, llorando.
Y yo me desesperé.
Necesitaba que ella se fuera para poder salir, y si no salía pronto, mis amigos se irían sin mí.
Abrieron la puerta nuevamente.
-Sam, Chloe te está buscando.
Ay, no. Era Christopher.
-Está bien, gracias, Chris.
La puerta se cerró nuevamente, y se hizo silencio. Qué suerte la mía.
Salí muy despacio y cerré con cuidado.
-¿Qué hacías ahí escondida?
Casi me muero del susto. Él seguía adentro, apoyado en la puerta de entrada.
-¿Qué haces tú en el baño de chicas?
-Seguro que ya lo oíste...
-Sí, pero sigues adentro.
-Te vi entrar.- sentenció, caminando hasta mí.
Su mirada me atravesó de forma muy intensa. Se inclinó para besarme, y en eso escuchamos la manilla de la puerta.
El pánico cruzó por su semblante, me empujó dentro de una cabina y cerró, increíblemente sin hacer ruido.
Abrí la boca para preguntar por qué había sido eso, pero me la tapó con su mano.
-No hagas ruido.- me dijo al oído con una voz, a mí parecer, más ronca de lo necesario.
Estaba incómoda en ese sitio tan estrecho, con él tan cerca, con su agitada respiración en mi cuello.
La puerta se abrió de nuevo, y el sonido de tacones resonó en el baño.
Christopher me empujó hasta la esquina más alejada de la puerta… es decir, como dos pasos más allá de nuestra posición original.
-Deja que me aleje un poco, el sitio no es tan pequeño como para que estemos tan cerca.- reclamé en voz tan baja como pude.
Me tapó la boca otra vez, y lo mordí. No me gustaba eso.
Una mueca de dolor se dibujó en su cara.
Me sentí algo culpable...
Quise decirle que se lo merecía, pero esta vez su boca fue lo que cubrió la mía.
Nos besamos como si fuese la última vez que pudiésemos hacerlo, con intensidad, necesitándonos. Me faltaba el aire, pero creía que podía acostumbrarme a eso.

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