Comimos en
silencio. Odiaba eso, pues era la excusa perfecta para pensar.
Y no quería pensar.
Y no quería pensar.
Comencé a
mirar alrededor cómo las personas comían, reían y charlaban entre el ruido de
los platos y las latas de refresco al abrirse.
Observando
la barra de ensaladas estaban Chloe, Samanta y Rachel. Un poco más atrás, James
las observaba... en realidad, la observaba.
Pero lo que
llamó poderosamente mi atención fue otra cosa.
Christopher
entró en la cafetería acompañado de Louise. Ella lo abrazaba por la cintura y
el por los hombros, conversaban, reían. Se veían tan a gusto que se me formó un
nudo en la garganta y me sentí incapaz de seguir comiendo.
Pero tenía
que hacerlo, algo tan estúpido no iba a desarmarme, así que no dejé que se
reflejara en mi cara y miré hacia otra parte... Lástima que esa otra parte
resultara ser James.
Y es que no
podía evitar pensar en lo que había pasado, en lo falsas que se sentían sus
palabras al verlo tan embobado con Chloe.
Eso me
dolía. Inevitablemente.
Yo no sentía
algo así por él, pero eso no implicaba que me molestara ver la facilidad con
que manejaba sus "emociones".
-Ian y yo
tenemos que ir a la cancha.- dijo Nathan poniéndose de pie y llevándose a su
compañero con él.
-Nos vemos.-
se despidió Josh.- También deberíamos irnos, hay un libro que quiero pedir en
la biblioteca.
-De acuerdo.
Íbamos
saliendo cuando mi desgracia me llamó.
Una de mis desgracias.
Una de mis desgracias.
-¡Melissa!
James se
acercó rápidamente.
-¿Qué
quieres? Creí que tenías prohibido hablarme en público.
-¿Prohibido?
Esa es una palabra muy peligrosa.- dijo despacio.- En fin, vine a algo muy
breve.
Buscó en su
bolsillo y me entregó una bolsita.
-Espero que
la recuerdes, y más aún, que todavía la quieras.- me besó en la mejilla muy
rápido y se fue.
Yo por mi
parte di media vuelta y salí de la cafetería, con Josh pisándome los talones.
-Prométeme
que no le dirás nada a Nathan.- le supliqué.- No es que haya perdonado a James
ni que seamos los mejores amigos del mundo de nuevo, pero él se ha estado
acercando estos días y quiero ver qué trama o si es sincero o qué se yo. Pero
si Nathan se entera puede que pasen cosas malas...
-Mel, no
necesitas pedírmelo. Conozco muy bien a Nathan y sé lo irracional que se pone
con el tema de James.
-Gracias. Te
debo una.
-Claro
que sí.- rió.- Más tarde te la cobraré.
De los
cuatro equipos participantes, sólo quedaban el nuestro y otro más.
Debo decir
que fue el primer partido al que realmente puse atención, y pude notar muchas
cosas.
Primero, que
Nathan era perfectamente capaz de dejar de lado sus líos con James y con
Christopher al momento de jugar, y que era un excelente capitán. Segundo, que
James no estaba ni cerca de lograr eso y cada vez que podía empujaba
"accidentalmente" a Chris. Y tercero, que éste último estaba
increíblemente furioso con James, pero que aun así se contenía.
Aunque quién
sabe cuánto podría durar.
A pesar de
todo, ganaron; por poco, pero ganaron.
Mientras
todos bajaban de la galería para celebrar, saqué la bolsita y la abrí. Dentro
había un relicario en forma de corazón... que era mío... o algo así.
Era nuestro
pequeño secreto.
Compramos
tres con distintas formas, la mía era un corazón, la de James era una luna, y
la que sería para Nathan era redonda y azul. Era una sorpresa que nunca
entregamos a nuestro amigo, debido a la "situación".
La idea era
guardar allí fotos nuestras.
El día que
James se separó de nosotros se lo devolví. Y eso que acababa de comprarlo...
Era un lindo
recuerdo, y un buen inicio para James, así que me lo puse. Nadie tenía por qué
preguntar de dónde lo había sacado, y si alguien lo hacía, diría que era un
regalo y punto.
Por fin bajé
a felicitar a mis amigos, pero ni Ian ni Nathan se veían felices. Lo de Ian lo
entendía, pero... ¿qué había pasado con mi mejor amigo?
En ese
momento, Kate pasó por nuestro lado. Llevaba nuevamente su pulsera en la mano y
no sólo eso: iba abrazada de Nicholas Harrison, el idiota que me volcó un
refresco encima.
Bueno, era
una perfecta explicación.
Seguí a Kate
con la mirada hasta que me encontré a Christopher saliendo de la misma manera,
pero abrazado a Louise...
Fue como si
algo muy frío me golpeara en el estómago. Frío y lacerante.
-¿Qué tal si
vamos a relajarnos a otro sitio?- propuso Josh.
Lo seguimos
sin ganas, cada uno sumido en su propio pedazo de infierno.
Estábamos
sentados, abrazados y deprimidos bajo los árboles cuando Paul y Christopher
llegaron con unos papeles en las manos.
-Hola
chicos, ¿por qué esas caras?- preguntó Paul alegremente. Su amigo sólo miraba,
algo molesto.
Nadie le
respondió, pero Josh, tan cortés como siempre, le hizo un gesto para que se
sentara y le dio una pequeña sonrisa.
Pero no se
sentaron.
-No te
preocupes, Josh. Venimos a invitarlos a una pequeña fiestecilla que
dará esta noche el equipo de rugby en honor a los de básquetbol... es algo
cursi, pero es una excelente excusa para celebrar.- nos entregó unos papeles.-
Aquí está la dirección y los teléfonos por si se pierden.- se dan vuelta para
irse.- ¡Ah, lo olvidaba! Vengan formales.- sonrió.- Espero verte llevar un
vestido, Mel.- me guiñó un ojo.
-Ni si
quiera lo...
-Claro que
lo hará.- apuntó Ian, regresando por un momento de su pesadilla interna.- Nos
vemos allá más tarde.
Esperé hasta
que ambos se alejaran para golpear a mi amigo en el hombro.
-¡Auch!-
gritó, no porque le doliera, sino para llamar la atención.
-Gracias,
Ian.- solté irónicamente.
-De nada,
Mel. ¿Lo harás, cierto?
-Claro que
sí.- se unió Nathan.- Es una buena amiga y no quiere que quedes como un
mentiroso.
-Exacto.-
acotó Josh.
Los tres
sonrieron entre sí.
Vaya que les
subía el ánimo esto de fastidiarme la existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario