.

.

sábado, 7 de marzo de 2015

El Paraíso de los Condenados. Parte VII.

Comimos en silencio. Odiaba eso, pues era la excusa perfecta para pensar. 
Y no quería pensar.
Comencé a mirar alrededor cómo las personas comían, reían y charlaban entre el ruido de los platos y las latas de refresco al abrirse.
Observando la barra de ensaladas estaban Chloe, Samanta y Rachel. Un poco más atrás, James las observaba... en realidad, la observaba.
Pero lo que llamó poderosamente mi atención fue otra cosa.
Christopher entró en la cafetería acompañado de Louise. Ella lo abrazaba por la cintura y el por los hombros, conversaban, reían. Se veían tan a gusto que se me formó un nudo en la garganta y me sentí incapaz de seguir comiendo.
Pero tenía que hacerlo, algo tan estúpido no iba a desarmarme, así que no dejé que se reflejara en mi cara y miré hacia otra parte... Lástima que esa otra parte resultara ser James.
Y es que no podía evitar pensar en lo que había pasado, en lo falsas que se sentían sus palabras al verlo tan embobado con Chloe.
Eso me dolía. Inevitablemente.
Yo no sentía algo así por él, pero eso no implicaba que me molestara ver la facilidad con que manejaba sus "emociones".
-Ian y yo tenemos que ir a la cancha.- dijo Nathan poniéndose de pie y llevándose a su compañero con él.
-Nos vemos.- se despidió Josh.- También deberíamos irnos, hay un libro que quiero pedir en la biblioteca.
-De acuerdo.
Íbamos saliendo cuando mi desgracia me llamó.
Una de mis desgracias.
-¡Melissa!
James se acercó rápidamente.
-¿Qué quieres? Creí que tenías prohibido hablarme en público.
-¿Prohibido? Esa es una palabra muy peligrosa.- dijo despacio.- En fin, vine a algo muy breve.
Buscó en su bolsillo y me entregó una bolsita.
-Espero que la recuerdes, y más aún, que todavía la quieras.- me besó en la mejilla muy rápido y se fue.
Yo por mi parte di media vuelta y salí de la cafetería, con Josh pisándome los talones.
-Prométeme que no le dirás nada a Nathan.- le supliqué.- No es que haya perdonado a James ni que seamos los mejores amigos del mundo de nuevo, pero él se ha estado acercando estos días y quiero ver qué trama o si es sincero o qué se yo. Pero si Nathan se entera puede que pasen cosas malas...
-Mel, no necesitas pedírmelo. Conozco muy bien a Nathan y sé lo irracional que se pone con el tema de James.
-Gracias. Te debo una.
-Claro que sí.- rió.- Más tarde te la cobraré.


De los cuatro equipos participantes, sólo quedaban el nuestro y otro más.
Debo decir que fue el primer partido al que realmente puse atención, y pude notar muchas cosas.
Primero, que Nathan era perfectamente capaz de dejar de lado sus líos con James y con Christopher al momento de jugar, y que era un excelente capitán. Segundo, que James no estaba ni cerca de lograr eso y cada vez que podía empujaba "accidentalmente" a Chris. Y tercero, que éste último estaba increíblemente furioso con James, pero que aun así se contenía.
Aunque quién sabe cuánto podría durar.
A pesar de todo, ganaron; por poco, pero ganaron.
Mientras todos bajaban de la galería para celebrar, saqué la bolsita y la abrí. Dentro había un relicario en forma de corazón... que era mío... o algo así.
Era nuestro pequeño secreto.
Compramos tres con distintas formas, la mía era un corazón, la de James era una luna, y la que sería para Nathan era redonda y azul. Era una sorpresa que nunca entregamos a nuestro amigo, debido a la "situación".
La idea era guardar allí fotos nuestras.
El día que James se separó de nosotros se lo devolví. Y eso que acababa de comprarlo...
Era un lindo recuerdo, y un buen inicio para James, así que me lo puse. Nadie tenía por qué preguntar de dónde lo había sacado, y si alguien lo hacía, diría que era un regalo y punto.
Por fin bajé a felicitar a mis amigos, pero ni Ian ni Nathan se veían felices. Lo de Ian lo entendía, pero... ¿qué había pasado con mi mejor amigo?
En ese momento, Kate pasó por nuestro lado. Llevaba nuevamente su pulsera en la mano y no sólo eso: iba abrazada de Nicholas Harrison, el idiota que me volcó un refresco encima.
Bueno, era una perfecta explicación.
Seguí a Kate con la mirada hasta que me encontré a Christopher saliendo de la misma manera, pero abrazado a Louise...
Fue como si algo muy frío me golpeara en el estómago. Frío y lacerante.
-¿Qué tal si vamos a relajarnos a otro sitio?- propuso Josh.
Lo seguimos sin ganas, cada uno sumido en su propio pedazo de infierno.


Estábamos sentados, abrazados y deprimidos bajo los árboles cuando Paul y Christopher llegaron con unos papeles en las manos.
-Hola chicos, ¿por qué esas caras?- preguntó Paul alegremente. Su amigo sólo miraba, algo molesto.
Nadie le respondió, pero Josh, tan cortés como siempre, le hizo un gesto para que se sentara y le dio una pequeña sonrisa.
Pero no se sentaron.
-No te preocupes, Josh. Venimos a invitarlos a una pequeña fiestecilla que dará esta noche el equipo de rugby en honor a los de básquetbol... es algo cursi, pero es una excelente excusa para celebrar.- nos entregó unos papeles.- Aquí está la dirección y los teléfonos por si se pierden.- se dan vuelta para irse.- ¡Ah, lo olvidaba! Vengan formales.- sonrió.- Espero verte llevar un vestido, Mel.- me guiñó un ojo.
-Ni si quiera lo...
-Claro que lo hará.- apuntó Ian, regresando por un momento de su pesadilla interna.- Nos vemos allá más tarde.
Esperé hasta que ambos se alejaran para golpear a mi amigo en el hombro.
-¡Auch!- gritó, no porque le doliera, sino para llamar la atención.
-Gracias, Ian.- solté irónicamente.
-De nada, Mel. ¿Lo harás, cierto?
-Claro que sí.- se unió Nathan.- Es una buena amiga y no quiere que quedes como un mentiroso.
-Exacto.- acotó Josh.
Los tres sonrieron entre sí.
Vaya que les subía el ánimo esto de fastidiarme la existencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario