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martes, 10 de marzo de 2015

Reconstrucción del Pasado. Parte II.

Tenía biología, lo que tampoco me animaba, y para colmo de males, era una de las clases en las que coincidía con Christopher. Y era la única clase en la que ninguno de mis amigos coincidía conmigo.
¿En qué estúpido e irremediable momento habría decidido tomar esa asignatura?
Llegué tarde y el profesor me regañó.
Típico.
Me senté en el único asiento libre, que por fortuna estaba junto a James (al que había olvidado por completo), y por desgracia, delante de Christopher y Louise.
-Tienes mala cara, preciosa.- me dijo James en cuanto me senté.- ¿Pasa algo?
-No es nada...
-Mel, te conozco.
-Lo sé.- me apoyé en su hombro, y suspiré.
Qué bueno era tenerlo de vuelta.
Quise distraerme mirando por la ventana, pero caía una lluvia cerrada e insistente.
Vaya día...
La clase se me hizo eterna. Sentía el calor de una mirada clavada en mi nuca, pero no me atreví a comprobarlo. Resolví mi cuestionario de genética sin ánimo, apoyada en James, y él me besaba la cabeza de vez en cuando. Desde el otro lado del aula, Rachel me observaba con rabia, y también a la chica que estaba detrás de mí.
Al parecer, sentía que ambas estábamos quitándole “sus pertenencias”.
La rabia me subió de nuevo, desde adentro, muy fuerte.
El timbre sonó, y cuando Rachel miraba hacia nosotros, me abracé a James.
Quería molestarla, quería hacerle daño.
Y por la expresión de su perfectamente maquillada cara, pude adivinar que lo había logrado. Al menos su orgullo había sido tocado por mi maniobra.
-Tranquila.- me acarició el cabello.- Vamos, tienes clase en un par de minutos.
Me ayudó con mi bolso y salimos, abrazados aún.
Íbamos por el pasillo cuando alguien pasó por nuestro lado, empujándonos por la prisa. Por suerte mi amigo me sostuvo para no perder el equilibrio.
-¡Chris, para!- una chica pasó corriendo detrás del primero... que ahora sabía, era Christopher.- ¡CHRIS!
-Oye, Mel...
-Dime.
-¿Eres amiga de ese tipo?- tenía el ceño fruncido, y miraba fijamente hacia delante.
-No.- contesté tajante.- Él es un entrometido que no me deja en paz.
-¿Cómo un... acosador?
-Podría decirse que es algo así.
-¿Te hace mal?
-Déjalo.- suspiré, evadiendo la pregunta.- No es una gran molestia, pero preferiría vivir sin que aparezca.
Sentí un vacío al pensar en eso.
¿Estaba mintiendo? No estaba segura.
-Si te hace daño, se las va a ver conmigo.
-Hey, no te la robes, que también nos tiene a nosotros.- dijo Nathan con una sonrisa, llegando acompañado de los gemelos.
Sonreí. Ellos sí valían la pena. No podría vivir feliz si no estuvieran a mi lado.

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