Tenía
biología, lo que tampoco me animaba, y para colmo de males, era una de las
clases en las que coincidía con Christopher. Y era la única clase en la que
ninguno de mis amigos coincidía conmigo.
¿En qué
estúpido e irremediable momento habría decidido tomar esa asignatura?
Llegué tarde
y el profesor me regañó.
Típico.
Me senté en
el único asiento libre, que por fortuna estaba junto a James (al que había
olvidado por completo), y por desgracia, delante de Christopher y Louise.
-Tienes mala
cara, preciosa.- me dijo James en cuanto me senté.- ¿Pasa algo?
-No es
nada...
-Mel, te
conozco.
-Lo sé.- me
apoyé en su hombro, y suspiré.
Qué bueno
era tenerlo de vuelta.
Quise
distraerme mirando por la ventana, pero caía una lluvia cerrada e insistente.
Vaya día...
La clase se
me hizo eterna. Sentía el calor de una mirada clavada en mi nuca, pero no me
atreví a comprobarlo. Resolví mi cuestionario de genética sin ánimo, apoyada en James, y él me besaba la
cabeza de vez en cuando. Desde el otro lado del aula, Rachel me observaba con
rabia, y también a la chica que estaba detrás de mí.
Al parecer,
sentía que ambas estábamos quitándole “sus pertenencias”.
La rabia me
subió de nuevo, desde adentro, muy fuerte.
El timbre
sonó, y cuando Rachel miraba hacia nosotros, me abracé a James.
Quería molestarla,
quería hacerle daño.
Y por la
expresión de su perfectamente maquillada cara, pude adivinar que lo había
logrado. Al menos su orgullo había sido tocado por mi maniobra.
-Tranquila.-
me acarició el cabello.- Vamos, tienes clase en un par de minutos.
Me ayudó con
mi bolso y salimos, abrazados aún.
Íbamos por
el pasillo cuando alguien pasó por nuestro lado, empujándonos por la prisa. Por
suerte mi amigo me sostuvo para no perder el equilibrio.
-¡Chris, para!-
una chica pasó corriendo detrás del primero... que ahora sabía, era
Christopher.- ¡CHRIS!
-Oye, Mel...
-Dime.
-¿Eres amiga
de ese tipo?- tenía el ceño fruncido, y miraba fijamente hacia delante.
-No.-
contesté tajante.- Él es un entrometido que no me deja en paz.
-¿Cómo un...
acosador?
-Podría decirse
que es algo así.
-¿Te hace
mal?
-Déjalo.-
suspiré, evadiendo la pregunta.- No es una gran molestia, pero preferiría vivir
sin que aparezca.
Sentí un
vacío al pensar en eso.
¿Estaba
mintiendo? No estaba segura.
-Si te hace
daño, se las va a ver conmigo.
-Hey, no te
la robes, que también nos tiene a nosotros.- dijo Nathan con una sonrisa,
llegando acompañado de los gemelos.
Sonreí.
Ellos sí valían la pena. No podría vivir feliz si no estuvieran a mi lado.
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