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jueves, 12 de marzo de 2015

Reconstrucción del Pasado. Parte IV.

Todos seguían a mi alrededor, expectantes, a excepción de la enfermera que tenía más asuntos que atender, quién sabe dónde.
Estaba tomada de la mano con Nathan, y James acariciaba mi cabello mojado.
Me sentía muy mal.
Física y emocionalmente. Hasta una parte de mi espíritu parecía haberse quebrado, pues ya me sentía capaz de abrir los ojos, quizás incluso de hablar... Pero no quería...
-James, creo que es hora de una maniobra de consuelo.- susurró Nathan.
-Vale, pero la próxima vez es mía.- casi rió.
Los brazos eternamente bronceados de James me movieron hasta la orilla de la camilla, y Nathan se recostó a mi lado, con su frente a escasa distancia de la mía. Y entonces James relevó a Nathan y me cogió la mano.
Pero a pesar de su cariño, yo temblaba. De fiebre, de miedo, de rabia, del montón de emociones revueltas que me rondaban el estómago.
Sí, el estómago.
Y lo único que quería era vomitarlas.
-Nathan...- murmuré débilmente.
-Dime, bonita.
-¿Qué... hora?
-Las 6:24. No te preocupes, ya encontraremos como llevarte a casa.
-Te llevaría, pero mi auto está en el taller por ese lío de la revisión.- casi gruñó James.
-Ian... Josh... - mascullé. Mi garganta quemaba demasiado.
-Ya se fueron, salían a las 4.- se lamentó Nathan.- De hecho, yo debería haberme ido con ellos...
Los gemelos y Nathan eran prácticamente vecinos, por lo que normalmente la mamá de Ian y Josh se llevaba a los tres en días lluviosos.
-Lo... sien...- la mano de James cubrió mi boca suavemente por un segundo.
-No te atrevas a disculparte ahora.
-Sí, el sermón te lo ganas cuando estés bien sana.- sonrió Nathan.
Suspiré. Los quería tanto, me hacían tan bien...
Pero...
-Ya deberías irte, acá no estás haciendo nada.- Louise reprendía a Christopher en voz baja, pero los oía.- Además, no pareces agradarle a ninguno de ellos... ni siquiera a ella...
-Esto no es asunto tuyo, Louise.- el tono cortante que usó con ella me sorprendió.
-Chris... hazme caso, vámonos.
-Ella tiene razón.- intervino James, de forma nada amistosa.- No tienes nada que hacer en este sitio.
Algo extraño me subió, quién sabe desde dónde, hasta el pecho. Y opacó un momento mis demás emociones. ¿Tristeza? ¿Compasión?
Hacía casi tres horas que él había acabado su jornada, había salido en medio de la lluvia para ayudarme, y no había recibido más que regaños y desprecio.
Y eso me dolía aún más que lo que él me había hecho... aunque, en realidad, ¿me había hecho algo?
Él y yo no éramos más que un par de tipos medio idiotas que se habían besado un día... o algunos días. Nada más. Él no tenía novia, y yo no quise aceptarlo como un "algo más". No tenía ningún derecho a reclamarle nada; era perfectamente libre para hacer lo que quisiera con su vida.
Y con quien quisiera.
-Christopher...- me incorporé un poco en la camilla. Noté que mi ropa estaba mojada aún y que todos me observaban con sorpresa.- Por favor... - tosí un momento y Nathan me palmeó la espalda.- Llévame...
-¿Te volviste loca?- James frunció el ceño, y su timbre de voz varió de la preocupación a la ira y luego a la estupefacción. Todo en una sola frase.- ¡Con suerte conoces a este sujeto!
-Cálmate, Adams, no voy a comérmela.- le soltó Christopher con algo de sarcasmo.
Nathan se levantó de la camilla y me ayudó a incorporarme, hasta que estuve apoyada en el hombro de Chris, con una Louise bastante extrañada a mi lado.
-Cuídala, por favor.- dijo fríamente, pero al mismo tiempo, sintiéndolo de verdad.
-No te preocupes. No dejaré que nada malo le pase.- la convicción de sus palabras me quitó el aliento, y casi me caigo entre la impresión, la elevada temperatura de mi cuerpo producto de la fiebre, y la marea de emociones y pensamientos que trataban de abrirse paso por mi cabeza.- Vamos.

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