Todos
seguían a mi alrededor, expectantes, a excepción de la enfermera que tenía más
asuntos que atender, quién sabe dónde.
Estaba
tomada de la mano con Nathan, y James acariciaba mi cabello mojado.
Me sentía
muy mal.
Física y
emocionalmente. Hasta una parte de mi espíritu parecía haberse quebrado, pues
ya me sentía capaz de abrir los ojos, quizás incluso de hablar... Pero no
quería...
-James, creo
que es hora de una maniobra de consuelo.- susurró Nathan.
-Vale, pero
la próxima vez es mía.- casi rió.
Los brazos
eternamente bronceados de James me movieron hasta la orilla de la camilla, y
Nathan se recostó a mi lado, con su frente a escasa distancia de la mía. Y
entonces James relevó a Nathan y me cogió la mano.
Pero a pesar
de su cariño, yo temblaba. De fiebre, de miedo, de rabia, del montón de
emociones revueltas que me rondaban el estómago.
Sí, el
estómago.
Y lo único
que quería era vomitarlas.
-Nathan...-
murmuré débilmente.
-Dime,
bonita.
-¿Qué...
hora?
-Las 6:24.
No te preocupes, ya encontraremos como llevarte a casa.
-Te
llevaría, pero mi auto está en el taller por ese lío de la revisión.- casi
gruñó James.
-Ian...
Josh... - mascullé. Mi garganta quemaba demasiado.
-Ya se
fueron, salían a las 4.- se lamentó Nathan.- De hecho, yo debería haberme ido
con ellos...
Los gemelos
y Nathan eran prácticamente vecinos, por lo que normalmente la mamá de Ian y
Josh se llevaba a los tres en días lluviosos.
-Lo...
sien...- la mano de James cubrió mi boca suavemente por un segundo.
-No te
atrevas a disculparte ahora.
-Sí, el
sermón te lo ganas cuando estés bien sana.- sonrió Nathan.
Suspiré. Los
quería tanto, me hacían tan bien...
Pero...
-Ya deberías
irte, acá no estás haciendo nada.- Louise reprendía a Christopher en voz baja,
pero los oía.- Además, no pareces agradarle a ninguno de ellos... ni siquiera a ella...
-Esto no es
asunto tuyo, Louise.- el tono cortante que usó con ella me sorprendió.
-Chris...
hazme caso, vámonos.
-Ella tiene
razón.- intervino James, de forma nada amistosa.- No tienes nada que hacer en
este sitio.
Algo extraño
me subió, quién sabe desde dónde, hasta el pecho. Y opacó un momento mis demás
emociones. ¿Tristeza? ¿Compasión?
Hacía casi
tres horas que él había acabado su jornada, había salido en medio de la lluvia
para ayudarme, y no había recibido más que regaños y desprecio.
Y eso me
dolía aún más que lo que él me había hecho... aunque, en realidad, ¿me había
hecho algo?
Él y yo no
éramos más que un par de tipos medio idiotas que se habían besado un día... o
algunos días. Nada más. Él no tenía novia, y yo no quise aceptarlo como un
"algo más". No tenía ningún derecho a reclamarle nada; era
perfectamente libre para hacer lo que quisiera con su vida.
Y con quien
quisiera.
-Christopher...-
me incorporé un poco en la camilla. Noté que mi ropa estaba mojada aún y que
todos me observaban con sorpresa.- Por favor... - tosí un momento y Nathan me
palmeó la espalda.- Llévame...
-¿Te
volviste loca?- James frunció el ceño, y su timbre de voz varió de la
preocupación a la ira y luego a la estupefacción. Todo en una sola frase.- ¡Con
suerte conoces a este sujeto!
-Cálmate,
Adams, no voy a comérmela.- le soltó Christopher con algo de sarcasmo.
Nathan se
levantó de la camilla y me ayudó a incorporarme, hasta que estuve apoyada en el
hombro de Chris, con una Louise bastante extrañada a mi lado.
-Cuídala,
por favor.- dijo fríamente, pero al mismo tiempo, sintiéndolo de verdad.
-No te
preocupes. No dejaré que nada malo le pase.- la convicción de sus palabras me
quitó el aliento, y casi me caigo entre la impresión, la elevada temperatura de
mi cuerpo producto de la fiebre, y la marea de emociones y pensamientos que
trataban de abrirse paso por mi cabeza.- Vamos.
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