Sentía unas
enormes ganas de correr por el patio y dejar que la lluvia me empapara de
nuevo, pero un fuerte dolor de cabeza (de seguro muy bien acompañado por algo
de fiebre) me retenía en un rincón de la cafetería, con un té de canela y una
galletita.
Josh se
había ofrecido a acompañarme, pero lo rechacé tan sutilmente como mi ánimo me
permitió. No quería deprimirlo, ni que James o Nathan me encontraran, porque se preocuparían
demasiado por una estupidez...
-¿Mal día?-
Ian se sentó a mi lado.
-Pésimo.
¿Qué tal el tuyo?
-Igual.
-Toma, la
necesitas más que yo.- dije, pasándole la galleta.- ¿Me cuentas?
-Sólo si
luego tú me dices que te pasó.
-Está bien.- me
resigné.
No quería
contarle a nadie, pero me preocupaba mucho ver a Ian tan desanimado.
-Samanta
tiene novio. ¿Has visto a ese tipo alto, de cabello negro y pinta de vago?
-¿Eric
Whinne? ¿El artista?
-¿Artista? Sólo
raya paredes.
-Graffitis.
-Lo que
sea.- soltó malhumorado.
-¿Estás
seguro que es su novio?
-Bueno, los
he visto besarse un par de veces.
-Eso no los
convierte en nada. Besarse es sólo algo físico, no te da la seguridad ni la
felicidad que una pareja debería darte.- mi tono fue más sombrío de lo que
pretendía.
-Vaya,
suenas como toda una experta.
-Y tú suenas
como uno de esos novios celosos de los que llevas años arrancando.
Chasqueó la
lengua y me robó unos sorbos de té.
-Estoy
celoso.- bajó la mirada.- Y me siento como un imbécil. ¡La tuve todo este
tiempo frente a mí, esperando, y yo la dejé para después!
Acerqué mi
silla a la suya y lo abracé. Apoyó su cabeza en mi hombro con algo de
dificultad, dado que era mucho más alto que yo.
-No sé qué
hacer, Mel.
-Al menos
ella tiene sentimientos hacia ti.
-Te acabo de
decir que tiene novio, ¿qué clase de afirmación es esa?
-Ella está
por irse, y con suerte conoce a Eric. ¿Para qué querría estar con él, si no es
para darte una lección?
-Si llegas a
tener razón, eso me hará sentir aún más estúpido.
-Eres
idiota, pero por no entender lo que te digo. Ella te quiere, si no fuera así,
no se molestaría en pasearse con él frente a ti a cada rato.- sentencié,
mirando un par de mesas más allá.
Sam y Eric
estaban charlando.
-Ella no se
ve a gusto.- declaré.
-¿Cómo
sabes?- casi saltó en su asiento.
-Ese gesto
que hace con las manos por debajo de la mesa... lo hace cada vez que el profesor
de literatura le pregunta algo que no sabe, o durante los exámenes.
La puerta de
la cafetería se abrió en ese momento y el grupito que menos esperaba se sentó
en el centro del lugar: Chloe, Rachel, Christopher y Paul.
Ian se
levantó de su asiento con clara intención de ir con Sam.
-Ian, no...
Pero no me
hizo caso.
-Samanta,
¿podemos hablar un momento... en otro lugar?
El rostro de
ella mostró el alivio que sentía al irse de ahí.
Eric no
podía ser su novio. A Sam no le agradaba ni charlar con él.
Los vi
alejarse... y a Paul acercarse y sentarse en el sitio donde antes estaba Ian.
-¿Por qué
tan sola y desabrigada?- sonrió, pasándome (como siempre) un brazo por los
hombros.
-Me gusta
estar sola. Y tu amiguita rompió mi chaqueta.
-¿Chloe?
-No, Rachel.
-¿Y eso por
qué?
-Tuvo un
ataque de celos.
-¿Por
Christopher y tú?
-Claro que
no. Por James... ahora que lo pienso, prácticamente me llamó zorra.- reí con
sarcasmo.
-¿Y qué hizo
la señorita para defenderse?- preguntó, acercándose un poco, como si se tratara
de un gran secreto.
-Mmm... veamos... creo que le grité algo, y le lancé los trozos de mi chaqueta en la
cara. Ah, y le dije que me dejara en paz y se quedara con su adorado
Christopher Davis. Y luego fui y le dije al entrometido ése algo parecido.
-Con que eso
es lo que tiene a Chris de tan mal humor...
-¿De qué
hablas?
-A ti te
tapa el florero, pero si te acercas un poco...- me envolvió en una especie de
abrazo y me recostó sobre su pecho.- Ahí, verás a un Christopher que se muere
por venir y darme un buen puñetazo en mi preciosa cara por tenerte tan cerca.
-Él ya tiene
a Rachel y a Louise. Que se lleve sus celos a otra parte.
Estaba
demasiado molesta con él. Después de todo lo que había pasado entre nosotros,
seguía desconfiando; peor aún, volvía a ser el sujeto irritante que se metía
sin que lo llamasen y trataba de pensar por mí y decirme qué debía hacer, qué
sentía o qué quería.
-Tus ojos
realmente dan miedo cuando te enfadas.- lo miré, algo divertida por el
comentario.- Pero no te preocupes,- continuó, mientras acariciaba mi rostro con
el dorso de su mano.- sigues siendo hermosa.
-Gracias por
tratar de levantarme el ánimo, pero, de verdad, quisiera estar sola... ¿te
apetece el té de canela? La verdad es que ya no lo quiero.
-Claro, iré
a tomar de la misma taza que tú en las narices de Christopher.- sonrió
alegremente.
Sonreí
también, por cortesía, y me fui de la cafetería. Mis clases habían acabado y
podía irme a casa, pero llovía mucho y no tenía chaqueta.
Saqué mi
móvil del bolsillo, y descubrí que no tenía batería.
Perfecto.
A ver si
ahora sí que me daba algo grave.
Mi casa
quedaba como a media hora del instituto si iba caminando, pero sentía que me
demoraría un poco más porque la ropa mojada me incomodaba al avanzar.
Mi cuerpo
estaba tembloroso. Aún no estaba sana del todo, a pesar de que había enfermado
el lunes, y ya era viernes.
Tenía mucho
frío, y no llevaba ni diez minutos caminando...
La bocina de
un auto me sobresaltó.
El vehículo
se detuvo y me hizo señas con las luces.
Era
Christopher...
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