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domingo, 15 de marzo de 2015

¿Y el cuento de hadas...? Parte II.

Sentía unas enormes ganas de correr por el patio y dejar que la lluvia me empapara de nuevo, pero un fuerte dolor de cabeza (de seguro muy bien acompañado por algo de fiebre) me retenía en un rincón de la cafetería, con un té de canela y una galletita.
Josh se había ofrecido a acompañarme, pero lo rechacé tan sutilmente como mi ánimo me permitió. No quería deprimirlo, ni que James o Nathan me encontraran, porque se preocuparían demasiado por una estupidez...
-¿Mal día?- Ian se sentó a mi lado.
-Pésimo. ¿Qué tal el tuyo?
-Igual.
-Toma, la necesitas más que yo.- dije, pasándole la galleta.- ¿Me cuentas?
-Sólo si luego tú me dices que te pasó.
-Está bien.- me resigné.
No quería contarle a nadie, pero me preocupaba mucho ver a Ian tan desanimado.
-Samanta tiene novio. ¿Has visto a ese tipo alto, de cabello negro y pinta de vago?
-¿Eric Whinne? ¿El artista?
-¿Artista? Sólo raya paredes.
-Graffitis.
-Lo que sea.- soltó malhumorado.
-¿Estás seguro que es su novio?
-Bueno, los he visto besarse un par de veces.
-Eso no los convierte en nada. Besarse es sólo algo físico, no te da la seguridad ni la felicidad que una pareja debería darte.- mi tono fue más sombrío de lo que pretendía.
-Vaya, suenas como toda una experta.
-Y tú suenas como uno de esos novios celosos de los que llevas años arrancando.
Chasqueó la lengua y me robó unos sorbos de té.
-Estoy celoso.- bajó la mirada.- Y me siento como un imbécil. ¡La tuve todo este tiempo frente a mí, esperando, y yo la dejé para después!
Acerqué mi silla a la suya y lo abracé. Apoyó su cabeza en mi hombro con algo de dificultad, dado que era mucho más alto que yo.
-No sé qué hacer, Mel.
-Al menos ella tiene sentimientos hacia ti.
-Te acabo de decir que tiene novio, ¿qué clase de afirmación es esa?
-Ella está por irse, y con suerte conoce a Eric. ¿Para qué querría estar con él, si no es para darte una lección?
-Si llegas a tener razón, eso me hará sentir aún más estúpido.
-Eres idiota, pero por no entender lo que te digo. Ella te quiere, si no fuera así, no se molestaría en pasearse con él frente a ti a cada rato.- sentencié, mirando un par de mesas más allá.
Sam y Eric estaban charlando.
-Ella no se ve a gusto.- declaré.
-¿Cómo sabes?- casi saltó en su asiento.
-Ese gesto que hace con las manos por debajo de la mesa... lo hace cada vez que el profesor de literatura le pregunta algo que no sabe, o durante los exámenes.
La puerta de la cafetería se abrió en ese momento y el grupito que menos esperaba se sentó en el centro del lugar: Chloe, Rachel, Christopher y Paul.
Ian se levantó de su asiento con clara intención de ir con Sam.
-Ian, no...
Pero no me hizo caso.
-Samanta, ¿podemos hablar un momento... en otro lugar?
El rostro de ella mostró el alivio que sentía al irse de ahí.
Eric no podía ser su novio. A Sam no le agradaba ni charlar con él.
Los vi alejarse... y a Paul acercarse y sentarse en el sitio donde antes estaba Ian.
-¿Por qué tan sola y desabrigada?- sonrió, pasándome (como siempre) un brazo por los hombros.
-Me gusta estar sola. Y tu amiguita rompió mi chaqueta.
-¿Chloe?
-No, Rachel.
-¿Y eso por qué?
-Tuvo un ataque de celos.
-¿Por Christopher y tú?
-Claro que no. Por James... ahora que lo pienso, prácticamente me llamó zorra.- reí con sarcasmo.
-¿Y qué hizo la señorita para defenderse?- preguntó, acercándose un poco, como si se tratara de un gran secreto.
-Mmm... veamos... creo que le grité algo, y le lancé los trozos de mi chaqueta en la cara. Ah, y le dije que me dejara en paz y se quedara con su adorado Christopher Davis. Y luego fui y le dije al entrometido ése algo parecido.
-Con que eso es lo que tiene a Chris de tan mal humor...
-¿De qué hablas?
-A ti te tapa el florero, pero si te acercas un poco...- me envolvió en una especie de abrazo y me recostó sobre su pecho.- Ahí, verás a un Christopher que se muere por venir y darme un buen puñetazo en mi preciosa cara por tenerte tan cerca.
-Él ya tiene a Rachel y a Louise. Que se lleve sus celos a otra parte.
Estaba demasiado molesta con él. Después de todo lo que había pasado entre nosotros, seguía desconfiando; peor aún, volvía a ser el sujeto irritante que se metía sin que lo llamasen y trataba de pensar por mí y decirme qué debía hacer, qué sentía o qué quería.
-Tus ojos realmente dan miedo cuando te enfadas.- lo miré, algo divertida por el comentario.- Pero no te preocupes,- continuó, mientras acariciaba mi rostro con el dorso de su mano.- sigues siendo hermosa.
-Gracias por tratar de levantarme el ánimo, pero, de verdad, quisiera estar sola... ¿te apetece el té de canela? La verdad es que ya no lo quiero.
-Claro, iré a tomar de la misma taza que tú en las narices de Christopher.- sonrió alegremente.
Sonreí también, por cortesía, y me fui de la cafetería. Mis clases habían acabado y podía irme a casa, pero llovía mucho y no tenía chaqueta.
Saqué mi móvil del bolsillo, y descubrí que no tenía batería.
Perfecto.
A ver si ahora sí que me daba algo grave.


Mi casa quedaba como a media hora del instituto si iba caminando, pero sentía que me demoraría un poco más porque la ropa mojada me incomodaba al avanzar.
Mi cuerpo estaba tembloroso. Aún no estaba sana del todo, a pesar de que había enfermado el lunes, y ya era viernes.
Tenía mucho frío, y no llevaba ni diez minutos caminando...
La bocina de un auto me sobresaltó.
El vehículo se detuvo y me hizo señas con las luces.
Era Christopher...

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