Esa semana
había un importante partido de básquetbol en el instituto, y todo el mundo
estaba emocionado. Ian y Nathan vivían por el partido, respiraban por el
partido, existían por el partido. Realmente los chicos son todo un misterio; no
lograba entender la manera en que funcionan sus cerebros, como si fueran de
una especie totalmente distinta.
Kate tampoco
andaba muy accesible, ya que al estar en el equipo de animadoras tenía muchas
practicas a las que asistir.
De modo que
Josh y yo deambulábamos solos por el instituto en nuestras horas libres. Ni
siquiera durante los almuerzos podíamos ver a nuestros amigos, pues se la
pasaban con sus compañeros de equipo.
-Esta semana
ha sido muy larga- se quejó Josh el día antes del partido, mientras buscábamos
nuestras cosas en los casilleros para nuestra clase de Literatura.- Sólo espero
que ganen y dejen de lado sus prácticas unos días. Ian va a volverme loco, ni
siquiera en casa deja de hablar del asunto.
-Si ganan,
irán al interescolar y estarán aún más ocupados- le hice ver.- Todos los
miembros de ese estúpido equipo son unos obsesivos sin remedio.
Ni siquiera
Christopher se había aparecido esa semana para fastidiarme. No es precisamente
que lo extrañara (eso nunca), pero era raro no verlo.
-Nathan me
contó que el sábado andabas con Christopher.- dijo de repente.
-Yo no
andaba con él, tuve que acompañarlo a comprar algo.- aclaré. Pero mi rostro se
encendió al recordar su amenaza, y la forma en que la había dicho. ¿Sería
verdad? ¿Se atrevería a hacerlo?
-Pero Nathan
dijo que no estaban discutiendo ni nada.-señaló.
-¿Por qué
todos creen que lo único que hago es estar enfadada con él?- me indigné.
Era
buenísima indignándome.
-Bueno,
pues... porque siempre andas hablando mal de él, diciendo que es un
entrometido, que no te deja en paz, que no te conoce en nada ni tiene derecho a
meterse en tu vida, y que si no fuera por tu actitud "pacifica" hace
mucho que le habrías partido la cara.- recitó. Y la culpabilidad se dibujó en
su rostro al segundo siguiente.
-¿Y por qué
no lo intentas si tanto te fastidio?- Christopher, que tenía su taquilla cerca
de la mía, me observaba molesto y... ¿triste?- Anda, saca tu rabia. Golpéame si
eso es lo que quieres.- me retó, acercándose hasta quedar a mí alcance.
Demasiado a mi alcance.
-Métete en
tus propios asuntos, Davis. ¿Qué no sabes que es malo oír conversaciones
ajenas?- me enfadé.
-También es
malo hablar de otros a sus espaldas, pero eso no te lo ha impedido, ¿verdad?
Nos
sosteníamos la mirada con profunda rabia. Era un duelo silencioso, y no pensaba
perder, por mucho que sus ojos me perturbaran.
-Eh, creo
que alguien me llama... por allá... - Josh trató de huir, pero lo retuve del
brazo.
-¿Acaso
necesitas ayuda para enfrentarme?- me soltó Christopher, desafiante.- No sabía
que eras tan cobarde...
-¡Deja de
creer que me conoces!- ahora si me enojé de verdad. Sus palabras me habían
herido, pero no iba a dejar que se enterase.- ¡Deja de meterte en mis asuntos,
deja de juzgar todo lo que hago! No te quiero en mi vida.- le espeté.
-¡Tampoco te
quiero en la mía!- se exaltó.- Creí que eras una chica algo perdida y quise ayudarte,
pero me doy cuenta que tan sólo eres una engreída y una cobarde que se esconde
detrás de una careta para no tener que enfrentar el mundo. Vas a acabar sola,
muy sola, Melissa.
Se dio la
vuelta y se marchó.
Ésa vez sus
palabras fueron realmente crueles.
Mis manos
temblaban por la rabia y las lágrimas me escocían los ojos. Pero no iba a
llorar, no por él.
En cuanto
llegué a casa me tiré en mi cama y ahogué un largo grito en la almohada. Me eché
a llorar sin remedio.
No podía
creer cómo alguien a quien había mantenido a raya había conseguido tocar mi
corazón de una forma tan destructiva. Estaba decidido. Lo odiaba. No tenía
derecho a decir esas cosas. No me conocía, no sabía por qué era como era, ni
por qué lo quería lejos.
Llamaron a
mi puerta.
No respondí,
no quería ver a nadie.
-Mel, sé que
estás ahí. Voy a entrar.- era Alex. ¿Qué hacía aquí?
Entró y me
puso una mano en la cabeza. Yo seguía con la cara enterrada en la almohada, reprimiendo
sollozos.
-Phill me
contó lo que pasó con Chris.- me explicó. Phill era su novio, y también amigo
de Christopher- No entiendo cómo ustedes dos llegan a esos extremos. Ambos son
buenas personas, y amables, y dulces. No comprendo por qué no pueden llevarse
bien.
Realmente
algunas veces parecía mi madre.
-Él no... no
tenía por qué... -no podía hilar bien las palabras.- No quiero...
Alex se
tendió a mi lado y me abrazó hasta que pude calmarme.
-No entiendo
por qué me afecta, no es mi amigo ni nada.- dije, confusa.
-Es claro
que le tienes aprecio, Mel.
-¡Claro que
no! Él solamente me fastidia y me hace pasar malos ratos, y me confunde, y no
me deja en paz...
-Si no te
importara, o aún más, si te desagradara tanto como dices, habrías ido y le
habrías hecho frente hace mucho, tal como has hecho antes con tantos otros.
-Tienes
razón... pero, ¿por qué habría de agradarme Christopher? Es un imbécil fastidioso,
cruel, nada amable, que se inmiscuye en cosas en las que no tiene nada que
ver...
-Porque se
preocupa por ti. Porque le importas, Mel. Por alguna razón, sin importar lo
pesada y molesta que seas con él, algo te debe ver, porque le importas.
¿Yo?
¿Importarle a él? Nunca lo había pensado así, pero si me lo decía de esa manera, tenía bastante sentido.
-Entonces...
la que ha estado siendo mala e injusta todo este tiempo... ¿soy yo?- no podía
creerlo.
-De cierta
forma.- concedió Alex.- Pero no es del todo tu culpa. Lo que haces es para
protegerte del daño que los demás podrían causar en ti; sin embargo, si sigues
así vas a...
-Quedarme
sola...
-No iba a
decir eso, pero sí, es posible.- lo pensó.- Mira, Mel, eres una chica
encantadora cuando te lo propones y tienes una sonrisa muy bonita. No deberías
andar por la vida como si se tratara de un basurero en el que no hay nada que
valga la pena.
Se me cayó
una lágrima.
-No quiero
sufrir de nuevo, Alex. No lo soportaría.
-Mel...
-No, Alex,
no. Me prometí a mí misma no dejar que nadie me dañara de nuevo, y eso es lo
que haré.- me sequé las lágrimas con renovada convicción.- Christopher Davis no
es nadie en mi vida, y no va a arruinarla.
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