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martes, 3 de marzo de 2015

Guerra Interna. Parte I.

Esa semana había un importante partido de básquetbol en el instituto, y todo el mundo estaba emocionado. Ian y Nathan vivían por el partido, respiraban por el partido, existían por el partido. Realmente los chicos son todo un misterio; no lograba entender la manera en que funcionan sus cerebros, como si fueran de una especie totalmente distinta.
Kate tampoco andaba muy accesible, ya que al estar en el equipo de animadoras tenía muchas practicas a las que asistir.
De modo que Josh y yo deambulábamos solos por el instituto en nuestras horas libres. Ni siquiera durante los almuerzos podíamos ver a nuestros amigos, pues se la pasaban con sus compañeros de equipo.
-Esta semana ha sido muy larga- se quejó Josh el día antes del partido, mientras buscábamos nuestras cosas en los casilleros para nuestra clase de Literatura.- Sólo espero que ganen y dejen de lado sus prácticas unos días. Ian va a volverme loco, ni siquiera en casa deja de hablar del asunto.
-Si ganan, irán al interescolar y estarán aún más ocupados- le hice ver.- Todos los miembros de ese estúpido equipo son unos obsesivos sin remedio.
Ni siquiera Christopher se había aparecido esa semana para fastidiarme. No es precisamente que lo extrañara (eso nunca), pero era raro no verlo.
-Nathan me contó que el sábado andabas con Christopher.- dijo de repente.
-Yo no andaba con él, tuve que acompañarlo a comprar algo.- aclaré. Pero mi rostro se encendió al recordar su amenaza, y la forma en que la había dicho. ¿Sería verdad? ¿Se atrevería a hacerlo?
-Pero Nathan dijo que no estaban discutiendo ni nada.-señaló.
-¿Por qué todos creen que lo único que hago es estar enfadada con él?- me indigné.
Era buenísima indignándome.
-Bueno, pues... porque siempre andas hablando mal de él, diciendo que es un entrometido, que no te deja en paz, que no te conoce en nada ni tiene derecho a meterse en tu vida, y que si no fuera por tu actitud "pacifica" hace mucho que le habrías partido la cara.- recitó. Y la culpabilidad se dibujó en su rostro al segundo siguiente.
-¿Y por qué no lo intentas si tanto te fastidio?- Christopher, que tenía su taquilla cerca de la mía, me observaba molesto y... ¿triste?- Anda, saca tu rabia. Golpéame si eso es lo que quieres.- me retó, acercándose hasta quedar a mí alcance. Demasiado a mi alcance.
-Métete en tus propios asuntos, Davis. ¿Qué no sabes que es malo oír conversaciones ajenas?- me enfadé.
-También es malo hablar de otros a sus espaldas, pero eso no te lo ha impedido, ¿verdad?
Nos sosteníamos la mirada con profunda rabia. Era un duelo silencioso, y no pensaba perder, por mucho que sus ojos me perturbaran.
-Eh, creo que alguien me llama... por allá... - Josh trató de huir, pero lo retuve del brazo.
-¿Acaso necesitas ayuda para enfrentarme?- me soltó Christopher, desafiante.- No sabía que eras tan cobarde...
-¡Deja de creer que me conoces!- ahora si me enojé de verdad. Sus palabras me habían herido, pero no iba a dejar que se enterase.- ¡Deja de meterte en mis asuntos, deja de juzgar todo lo que hago! No te quiero en mi vida.- le espeté.
-¡Tampoco te quiero en la mía!- se exaltó.- Creí que eras una chica algo perdida y quise ayudarte, pero me doy cuenta que tan sólo eres una engreída y una cobarde que se esconde detrás de una careta para no tener que enfrentar el mundo. Vas a acabar sola, muy sola, Melissa.
Se dio la vuelta y se marchó.
Ésa vez sus palabras fueron realmente crueles.
Mis manos temblaban por la rabia y las lágrimas me escocían los ojos. Pero no iba a llorar, no por él.


En cuanto llegué a casa me tiré en mi cama y ahogué un largo grito en la almohada. Me eché a llorar sin remedio.
No podía creer cómo alguien a quien había mantenido a raya había conseguido tocar mi corazón de una forma tan destructiva. Estaba decidido. Lo odiaba. No tenía derecho a decir esas cosas. No me conocía, no sabía por qué era como era, ni por qué lo quería lejos.
Llamaron a mi puerta.
No respondí, no quería ver a nadie.
-Mel, sé que estás ahí. Voy a entrar.- era Alex. ¿Qué hacía aquí?
Entró y me puso una mano en la cabeza. Yo seguía con la cara enterrada en la almohada, reprimiendo sollozos.
-Phill me contó lo que pasó con Chris.- me explicó. Phill era su novio, y también amigo de Christopher- No entiendo cómo ustedes dos llegan a esos extremos. Ambos son buenas personas, y amables, y dulces. No comprendo por qué no pueden llevarse bien.
Realmente algunas veces parecía mi madre.
-Él no... no tenía por qué... -no podía hilar bien las palabras.- No quiero...
Alex se tendió a mi lado y me abrazó hasta que pude calmarme.
-No entiendo por qué me afecta, no es mi amigo ni nada.- dije, confusa.
-Es claro que le tienes aprecio, Mel.
-¡Claro que no! Él solamente me fastidia y me hace pasar malos ratos, y me confunde, y no me deja en paz...
-Si no te importara, o aún más, si te desagradara tanto como dices, habrías ido y le habrías hecho frente hace mucho, tal como has hecho antes con tantos otros.
-Tienes razón... pero, ¿por qué habría de agradarme Christopher? Es un imbécil fastidioso, cruel, nada amable, que se inmiscuye en cosas en las que no tiene nada que ver...
-Porque se preocupa por ti. Porque le importas, Mel. Por alguna razón, sin importar lo pesada y molesta que seas con él, algo te debe ver, porque le importas.
¿Yo? ¿Importarle a él? Nunca lo había pensado así, pero si me lo decía de esa manera, tenía bastante sentido.
-Entonces... la que ha estado siendo mala e injusta todo este tiempo... ¿soy yo?- no podía creerlo.
-De cierta forma.- concedió Alex.- Pero no es del todo tu culpa. Lo que haces es para protegerte del daño que los demás podrían causar en ti; sin embargo, si sigues así vas a...
-Quedarme sola...
-No iba a decir eso, pero sí, es posible.- lo pensó.- Mira, Mel, eres una chica encantadora cuando te lo propones y tienes una sonrisa muy bonita. No deberías andar por la vida como si se tratara de un basurero en el que no hay nada que valga la pena.
Se me cayó una lágrima.
-No quiero sufrir de nuevo, Alex. No lo soportaría.
-Mel...
-No, Alex, no. Me prometí a mí misma no dejar que nadie me dañara de nuevo, y eso es lo que haré.- me sequé las lágrimas con renovada convicción.- Christopher Davis no es nadie en mi vida, y no va a arruinarla.

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