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lunes, 9 de marzo de 2015

Abandono y Despegue. Parte III.

Más tarde pusieron luces de colores, hicieron un par de concursos de baile y cosas así. Nathan y yo seguíamos tomados de la mano, sentados en un sofá, apoyados el uno en el otro. Como cuando éramos niños.
Ian bailaba y bebía tanto como siempre, tal vez más. Se reía, hablaba, pero estaba triste. Se notaba en la forma en que se mordía el labio. Era típico de él. Su hermano, por su parte, estaba en la mesa de los bocadillos, acaparando todo cuanto podía antes de volver con nosotros.
-Si quieres puedes ir con ellos.- me dijo mi amigo por enésima vez.
-Estoy bien.- Nathan no se lo creyó.- En serio... es sólo que no me agrada mucho el panorama.- murmuré.
Y es que Christopher había estado toda la noche de rebote entre Rachel y Louise, de un lado a otro del local. A cada rato pasaba con una de ellas por enfrente de nosotros y no se dignaba a mirarme. No es que me importara ni mucho menos, pero no tenía nada mejor que hacer que darme cuenta de eso.
-Nathan, tengo que contarte algo.- empecé, nerviosa.
-¿Sobre Christopher?
-¡No!- me alteré innecesariamente.- Sobre James...
Por su rostro cruzó un destello de nostalgia, pero supo manejarlo.
-Dime.
-Bueno... él me ha estado buscando últimamente.- iba despacio por si se le ocurría soltarme algo.- Diciendo, tú sabes, esa clase de cosas que él siempre dice...
-¿Que le gustas mucho y no puede dejar de pensar en ti?
-Sí, eso más o menos...
Mi mejor amigo suspiró largamente, con el semblante sombrío, pensando.
A lo lejos, Josh nos hizo una seña para que nos acercáramos.
Nos paramos, aún de la mano, hasta la mesa de bocadillos, donde nuestro amigo nos llenó los brazos de comida y siguió en busca de más.
-¿Lo quieres?- preguntó finalmente.
-Bueno... de quererlo, claro que sí, sabes que siempre ha sido así... Pero eso no quita todo lo que hizo, los años de desprecio y malas palabras, burlas a lo lejos...- me encogí de hombros mientras comía un bocadillo.- No he decidido qué hacer con él aún, no creo que se merezca una disculpa.
-Mel, creo que hay una cosa que deberías saber...
-¿Qué cosa?
-Yo... bueno... ¿recuerdas a su madre?- dejó la comida de nuevo sobre la mesa.
-¿Michelle Adams, rubia, algo baja...?
-Ella. Y recordarás que estaba muy enferma, bueno, aún lo está. - su mirada reflejaba pesar.- James comenzó a trabajar en una empresa de telecomunicaciones, haciendo recados y cosas así, el año que entramos al instituto, para juntar dinero y poder operar a su madre.
-¿A qué viene todo esto?
-Bueno, la empresa en la que trabajaba era del padre de Rachel Simmons. Y ella lo obligó a dejarnos...
Sentí como si alguien me golpeara muy fuerte en el estómago. ¿Cómo podía dejar que lo utilizaran así? Sí, era una situación extrema, pero... ¿esa clase de cosas realmente ocurría? ¿No era un poco telenovelesco?
-¿Cómo sabes eso?- dejé la comida que sujetaba en la mesa, por miedo a que se cayera de mis temblorosas manos.
-Él me lo dijo antes de que sucediera lo que sucedió. Se suponía que también iba a decírtelo a ti, pero al final creyó que lo mejor era hacer lo que hizo, para no tentarse a buscarnos.- Nathan apretó los puños.- Ese día me enojé mucho con él por hacerte eso, pero creo que, de igual forma, lo entendí... sólo un poco.
-Pero... ¿por qué? ¿Por qué ella hizo eso? ¿Por qué él no dijo nunca nada?- tomé a mi amigo por los hombros como si él fuera la fuente de todas las respuestas.- ¿Por qué ahora se acerca de nuevo?
-Porque ya operaron a su madre, hace unos días.
-Tú... sigues hablando con él.
-Sí...- puso su mano por debajo de la ropa y sacó un relicario redondo y azul.- Siempre.
No supe qué decir ni qué pensar. ¿Cómo era todo aquello posible?
-Mel, él te quiere. Y no quiso hacerte daño... aunque creo que no soy yo a quien debes sacudir por respuestas.- dijo con suavidad, quitando mis manos de sus hombros.- Él siempre se preocupa por ti, y me alivia que por fin todo acabara. Era una tortura verte sufrir por esto.
Tenía razón... pero yo no quería hablar con James.
Me sentía mal de haberlo tratado así, y no creía que pedirle explicaciones fuera buena idea. Además, Nathan ya me había aclarado las cosas. Y yo me sentía capaz de perdonar a James si todo era de esa manera.
-Gracias por decírmelo.
-Merecías saberlo. Lamento no haberlo hecho antes... pero no era correcto.
-Nathan, no le digas a James que me dijiste esto.- me miró con extrañeza.- Es sólo que no quiero hacerlo sentir mal. Por favor.
-¿No crees que va a preguntarse por qué ya no lo odias?
-Sí, eso creo. Pero no quiero hablar con él de esto.
Fui a sentarme, convencida de que Nathan iba a soltárselo todo muy pronto.

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