Más tarde
pusieron luces de colores, hicieron un par de concursos de baile y cosas así.
Nathan y yo seguíamos tomados de la mano, sentados en un sofá, apoyados el uno
en el otro. Como cuando éramos niños.
Ian bailaba
y bebía tanto como siempre, tal vez más. Se reía, hablaba, pero estaba triste.
Se notaba en la forma en que se mordía el labio. Era típico de él. Su hermano,
por su parte, estaba en la mesa de los bocadillos, acaparando todo cuanto podía
antes de volver con nosotros.
-Si quieres
puedes ir con ellos.- me dijo mi amigo por enésima vez.
-Estoy
bien.- Nathan no se lo creyó.- En serio... es sólo que no me agrada mucho el
panorama.- murmuré.
Y es que
Christopher había estado toda la noche de rebote entre Rachel y Louise, de un
lado a otro del local. A cada rato pasaba con una de ellas por enfrente de
nosotros y no se dignaba a mirarme. No es que me importara ni mucho menos, pero
no tenía nada mejor que hacer que darme cuenta de eso.
-Nathan,
tengo que contarte algo.- empecé, nerviosa.
-¿Sobre
Christopher?
-¡No!- me
alteré innecesariamente.- Sobre James...
Por su
rostro cruzó un destello de nostalgia, pero supo manejarlo.
-Dime.
-Bueno... él
me ha estado buscando últimamente.- iba despacio por si se le ocurría soltarme
algo.- Diciendo, tú sabes, esa clase de cosas que él siempre dice...
-¿Que le
gustas mucho y no puede dejar de pensar en ti?
-Sí, eso más
o menos...
Mi mejor
amigo suspiró largamente, con el semblante sombrío, pensando.
A lo lejos,
Josh nos hizo una seña para que nos acercáramos.
Nos paramos,
aún de la mano, hasta la mesa de bocadillos, donde nuestro amigo nos llenó los brazos
de comida y siguió en busca de más.
-¿Lo
quieres?- preguntó finalmente.
-Bueno... de
quererlo, claro que sí, sabes que siempre ha sido así... Pero eso no quita todo
lo que hizo, los años de desprecio y malas palabras, burlas a lo lejos...- me
encogí de hombros mientras comía un bocadillo.- No he decidido qué hacer con él
aún, no creo que se merezca una disculpa.
-Mel, creo
que hay una cosa que deberías saber...
-¿Qué cosa?
-Yo...
bueno... ¿recuerdas a su madre?- dejó la comida de nuevo sobre la mesa.
-¿Michelle
Adams, rubia, algo baja...?
-Ella. Y
recordarás que estaba muy enferma, bueno, aún lo está. - su mirada reflejaba
pesar.- James comenzó a trabajar en una empresa de telecomunicaciones, haciendo
recados y cosas así, el año que entramos al instituto, para juntar dinero y
poder operar a su madre.
-¿A qué
viene todo esto?
-Bueno, la
empresa en la que trabajaba era del padre de Rachel Simmons. Y ella lo obligó a
dejarnos...
Sentí como
si alguien me golpeara muy fuerte en el estómago. ¿Cómo podía dejar que lo
utilizaran así? Sí, era una situación extrema, pero... ¿esa clase de cosas
realmente ocurría? ¿No era un poco telenovelesco?
-¿Cómo sabes
eso?- dejé la comida que sujetaba en la mesa, por miedo a que se cayera de mis
temblorosas manos.
-Él me lo dijo
antes de que sucediera lo que sucedió. Se suponía que también iba a decírtelo a
ti, pero al final creyó que lo mejor era hacer lo que hizo, para no tentarse a
buscarnos.- Nathan apretó los puños.- Ese día me enojé mucho con él por hacerte
eso, pero creo que, de igual forma, lo entendí... sólo un poco.
-Pero...
¿por qué? ¿Por qué ella hizo eso? ¿Por qué él no dijo nunca nada?- tomé a mi
amigo por los hombros como si él fuera la fuente de todas las respuestas.- ¿Por
qué ahora se acerca de nuevo?
-Porque ya
operaron a su madre, hace unos días.
-Tú...
sigues hablando con él.
-Sí...- puso
su mano por debajo de la ropa y sacó un relicario redondo y azul.- Siempre.
No supe qué
decir ni qué pensar. ¿Cómo era todo aquello posible?
-Mel, él te
quiere. Y no quiso hacerte daño... aunque creo que no soy yo a quien debes
sacudir por respuestas.- dijo con suavidad, quitando mis manos de sus hombros.-
Él siempre se preocupa por ti, y me alivia que por fin todo acabara. Era una
tortura verte sufrir por esto.
Tenía razón... pero yo no quería hablar con James.
Me sentía
mal de haberlo tratado así, y no creía que pedirle explicaciones fuera buena
idea. Además, Nathan ya me había aclarado las cosas. Y yo me sentía capaz de
perdonar a James si todo era de esa manera.
-Gracias por
decírmelo.
-Merecías
saberlo. Lamento no haberlo hecho antes... pero no era correcto.
-Nathan, no
le digas a James que me dijiste esto.- me miró con extrañeza.- Es sólo que no
quiero hacerlo sentir mal. Por favor.
-¿No crees
que va a preguntarse por qué ya no lo odias?
-Sí, eso
creo. Pero no quiero hablar con él de esto.
Fui a
sentarme, convencida de que Nathan iba a soltárselo todo muy pronto.
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