Por la tarde
hubo otro partido, en el cual ganaron magníficamente.
Al acabar,
Josh y yo bajamos de la galería hasta el campo para encontrar a nuestros
amigos. Tanto Nathan como Ian brillaban de alegría, y eso me conmovió. Los
quería tanto que me hacía inmensamente feliz verlos así.
Nos
abrazamos entre risas y felicitaciones.
A lo lejos
vi a James, y mi corazón se detuvo. Una parte de mí se cayó a pedazos cuando lo
vi mirándome... caminado hacia mí...
-Te espero
en la cafetería en cinco minutos.- me dijo despacio, sin mirarme al pasar por
mi lado.
Respiré
profundo y fingí que nada había sucedido. Nathan me miró preocupado, pero le
sonreí en señal de que nada pasaba.
Se lo creyó.
O al menos
pretendió que así era.
Christopher
se acercó a hablar con Ian, quién sabe de qué, y yo me acerqué porque Josh me
estaba llamando.
-Oye, Mel,
vamos a mi casa a comer. ¿Vienes?
-Creo que es
algo tarde.- eran pasadas las seis y mi casa estaba algo lejos de la de ellos,
por no mencionar que al día siguiente había clases.
-Oh, no te
preocupes por eso, puedes quedarte.- apuntó Ian, uniéndose momentáneamente a la
conversación.
-Sí, es
buena idea, Nathan también se queda.
-Vale,
llamaré a mamá para avisarle... ¿aún tienen ese cajón con la ropa que se me ha
ido quedando, cierto?
-¿Qué clase
de pregunta es esa? ¿Esperas que la
botemos?- se mofó Josh.
-Nunca
entenderé cómo es que siempre pregunta lo mismo...- Nathan puso los ojos en
blanco.
-No es que
crea eso, pero tú aún me debes ese pijama que manchaste con café...- lo acusé.
-¡Qué
dramática te pones a veces!- se rió Josh.
-Sí,
tranquila pequeña.- sonrió Nathan.- Cómo si fuera la primera vez que duermes
con una de mis camisetas.
Sonreí. Esto
de tener amigos como ellos era lo mejor del mundo.
Aunque ahora
tenía que...
-Voy a
buscar unas cosas a mi casillero, espérenme en el estacionamiento, ¿sí?
-Vale.
¿Quieres que te acompañe?- se ofreció Nathan.
-No, no es
necesario. Puedo sola.
Me di la
vuelta y seguí el camino que recorrió James.
Al pasar
junto a Christopher me dirigió una mirada fría y cargada de reproche, de seguro
por todo lo que acababa de escuchar. A
mí no me pareció nada grave, pero luego recordé todo el discurso que me soltaba de
tener sólo amigos hombres y de andar por ahí sin cuidado con lo que los demás
pensaran, y un renovado enojo me nació hacia él.
Aunque eso
no quitó el dolor que su desprecio me provocó.
Al llegar a
la cafetería vi a James, de pie, observando el paisaje por la ventana y una
súbita nostalgia me oprimió el pecho.
-¿Qué es lo
querías?- fui directo al grano.
-Mel... - me
miró a los ojos con gran tristeza.- Me haces falta.
Mis ojos se
llenaron de lágrimas nacidas de un sentimiento que iba entre la rabia y la tristeza.
-¡¿Cómo
puedes decir eso?! - respiré profundo tratando de calmarme.- ¿Acaso no
recuerdas todo lo que dijiste, la forma en que nos despreciaste desde ese
entonces hasta ahora? ¡Y todo por ella!
-Mel, era
inmaduro y estaba cegado. Sólo quería una oportunidad, y con ustedes no podía.
¿Preferirías que les pidiera que fingieran no ser mis amigos frente a todos?
-Eres un
idiota, James. Alguien que no acepte a tus amigos no vale la pena. Y ella no lo
vale, desde el principio.
-No digas
eso...
-Ah,
entonces aún estás interesado en ella.- declaré con una amargura que se notó en
el timbre de mi voz.- ¿Por qué me buscas?
-Porque te
necesito.
Trató de
abrazarme pero lo aparté con una mano.
-Yo también
te necesité, James, pero eso no te hizo volver.
-Perdóname...
-¿Acaso
crees que una disculpa va a reparar el daño? Han pasado casi cuatro años, ¿no
te parece un poco tarde?
-Melissa,
por favor. Esto ha estado torturándome todo este tiempo, no consigo sacar tu
imagen de mi cabeza, estoy en todas las clases a las que vas sólo para verte...
En serio te necesito.
-Estás empezando
a asustarme.
-¿Por qué?
-Bueno,
porque, o estás completamente obsesionado, o tienes algún tipo de atracción
media rara hacia mí. Y ninguna me gusta.
-Tal vez es
un poco de ambas.
Suspiré con
pesar. Ese cuento ya me lo conocía. Antes de todo el asunto de Chloe ya me lo
había soltado.
-Mel, sabes
que lo que siento por ti va más allá de la amistad, siempre te lo he dicho.
Sentí rabia
y frustración y pena y ganas de golpearlo, todo junto y revuelto. Él me había
hablado de sus sentimientos varias veces, pero nunca lo tomé en serio. A veces
me sentía culpable y pensaba que, de haberlo considerado, nada malo habría
sucedido. Seguiría con nosotros y jamás se hubiese interesado por Chloe.
Pero... yo
no me sentía así por él...
Ése era el
problema.
-No empieces,
James. Ahora que Chloe no te hizo caso vuelves a mí, pero en todo este tiempo
no te importó lo que pasaba conmigo... Olvídalo, no va a pasar. Ni puedo
perdonarte.
Me di la
vuelta con intenciones de irme, pero me retuvo del brazo con fuerza.
-No te vayas...
-¡Suéltame!
-¡No!- me
retuvo con sus brazos. Traté de soltarme pero tenía mucha más fuerza que yo.-
Por favor, Mel, no me dejes así.
-¡James,
suéltame! ¡Me haces daño! - me quejé. El brazo donde me sujetaba empezaba a
dolerme.
-Esa no es
forma de tratar a una mujer, Adams.- la voz de Christopher resonó desde la
entrada de la cafetería desierta.
James me
soltó. Mi brazo estaba rojo y dolía un poco.
-No te metas
en lo que no importa.
Christopher
se puso delante de mí, como si quisiera protegerme de cualquier cosa que James
pudiera intentar.
-¿Cómo sabes
que no me importa?- su rostro estaba tenso y, extrañamente, me hizo sentir
segura verlo tan molesto.- Deberías irte.- le espetó.
-¿Y si no
quiero?- soltó desafiante.
-Entonces
veremos qué tanto le gusta a Chloe saber de tu inmenso interés por Melissa...
James hizo
una mueca de odio y se fue, pateando una silla en su camino.
-Gracias.-
sentí muchas ganas de abrazarlo, pero la mirada que me dio era fría.
-¿Estás
bien?- preguntó en un tono absolutamente indiferente.
-Sí.- su
actitud me asustaba. Y también me dolía.- ¿Cuánto escuchaste?
-Lo
suficiente como para hacerme una idea de por qué te afecta tanto todo lo que
tiene que ver con él.- sentenció molesto.
Entonces era
eso.
Estaba
celoso...
Un momento.
¿Estaba celoso? ¿De James? ¿Por mí?
-Tus amigos
te están esperando afuera.- su ceño seguía fruncido y su voz era dura.
Quise
besarlo, robarle una sonrisa, poder respirar cerca de él. Pero me daba miedo. Y
su comportamiento no me invitaba a hacerlo, precisamente.
Caminó hacia
la entrada dispuesto a irse, así, sin más.
-¿Por qué estás
tan molesto?- me atreví a preguntar cuando ya estaba por llegar a la puerta.
Se dio
vuelta y su intensa mirada atravesó el lugar hasta clavarse muy dentro de mí.
Tuve que ponerme rígida para que mis pies siguieran bien pegados al piso, y no
me llevasen estúpida y desenfrenadamente
hacia él.
-¿Cómo
puedes siquiera preguntarlo?- su rabia era palpable, cortaba el aire a su
paso.- Creí que después de... lo que pasó entre nosotros, algo iba a cambiar
contigo, pero no sólo sigues igual, si no peor, con todos ellos... si no que ahora ese tipo...
Ahora era mi
turno de enojarme.
-¿Acaso
pretendías cambiarme? No me digas que lo hiciste por eso...- me acerqué hecha
una furia, tratando de reprimir mis ganas de soltarle un puñetazo en su
preciosa cara.
-¡Claro que
no!- se defendió.- ¡Pero no habría estado mal!
Su
declaración me detuvo.
Entonces...
-No te agrada
cómo soy...- sentí como un pedazo de mí se caía en algún lugar.
-No quise
decir eso...
-Pero lo
hiciste.- se acercó hasta que pude oír su respiración.- Si lo pienso bien, con
suerte me conoces... no sé cómo pude pensar que...
-No, no lo
digas.- trató de besarme, y gracias a toda mi fuerza de voluntad no lo dejé.-
Melissa...
-Fui tan
tonta al creer que te interesaba por quién soy...
-Lo que
siento por ti es mucho más que eso. Es...
-¡Cállate! -
casi grité.- Si iba a ser así, hubiera preferido que no llegaras...
Su rostro se
endureció nuevamente y se separó de mí, haciéndome sentir un enorme vacío.
-Claro, así
él podría haber hecho contigo lo que quisiera.- soltó con desprecio.- Quizás
habrías querido eso.
-Tal vez
sí.- dije por fastidiarlo. Claro que no, pero estaba tan molesta y dolida que
sólo quería herirlo.- Tal vez quería que me tuviera con él, que me besara, que
no quisiera...
De un
momento a otro, su boca quedó a escasos centímetros de la mía, cortándome la
respiración.
-Ya no
puedes hacer lo que quieras con esa hermosa boca que tienes, Melissa.- me
advirtió, rozando mis labios con la yema de sus dedos. Su voz era ronca,
temblorosa, pero segura.
En cualquier
otra situación le habría reclamado por decir algo así, pero en ese momento sus
palabras fueron lo mejor que pudo haber dicho.
-¡Meeeel!
¿Dónde estás?- Ian me llamaba desde algún lugar fuera de la cafetería.
Christopher
suspiró molesto, pero en un segundo sus ojos cambiaron, y con un brusco beso,
mi cuerpo se derritió.
-Ya vete.-
su mirada era mucho más dulce, pero su tono seguía siendo cortante.
Con una
mezcla de alegría y dolor, seguí la voz que me llamaba desde el pasillo.
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