El sol pegó
en mi ventana desde muy temprano, cerca de las 5:30 de la mañana. ¿Y cómo lo
sé? Porque dormí horriblemente mal. Me despertaba cada media hora más o menos,
y tenía una pesadilla acerca de una zanahoria gigante con sombrero azul que me
perseguía por un campo de waffles...
Me bajé de
la cama sin verdaderas intenciones de levantarme, y después de dar un par de vueltas por
la habitación, salí y me apoyé en el balcón a mirar el paisaje... aunque con un
poco de frío por la hora tan temprana y por lo delgado de mi pijama.
La fresca
brisa me revolvió el cabello despeinado, mientras los árboles del jardín
dibujaban las primeras sombras del día.
-¿Qué haces
despierta tan temprano?- Christopher me rodeó con sus brazos, apoyando su
cabeza en el hueco entre mi hombro y mi cuello.
-El sol me
dio en la cara y no pude dormir más.- era cierto, pero no era toda la verdad.
Aunque él no necesitaba saber más.- ¿Y tú?
-Fui al baño
y te vi aquí.- su voz delataba el sueño que sentía. Puse mis manos sobre sus
brazos y descansé mi mejilla en su pelo revuelto.
-Sabes que
mañana te odiaré de nuevo, ¿cierto?- murmuré.
-Lo
imaginaba... pero no quiero hablar de eso, quiero aprovechar que me quieres
aunque sea un momento.- mi cuerpo se tensó al pensar en eso y tuve ganas de
irme, pero no tenía fuerzas para hacerlo.- Está bien, no me quieres, pero
quédate conmigo un rato.- pidió, como adivinando mis confusas emociones.
El silencio
inundó todo el lugar, y el calor de sus brazos me mantuvo abrigada quién sabe
por cuánto tiempo. Quise desconectar mi mente de mi cuerpo para disfrutar de
esos minutos de calma, pero no era fácil.
-¿Qué
estamos haciendo?- suspiré, entrando en la desesperación.
-Nada que no
tenga remedio...- dijo, besando mi rostro.
Apreté sus
brazos con fuerza. No quería tenerlo cerca, pero tampoco quería dejarlo. Tenía
miedo de arriesgarme a confiar en él y que resultara ser igual a la mayoría de
los hombres que había conocido.
Incluso
Nathan podía llegar a ser un idiota con las mujeres que le interesaban, ¿por
qué él no?
Ni siquiera
lo conocía...
¿Acaso
quería hacerlo? Claro que sí, pero ¿valdría la pena? ¿O sería peor?
Rozó
suavemente su nariz contra mi mejilla, y la sensación que recorrió mi cuerpo fue
tan intensa, que mis músculos se relajaron de forma automática.
-¿Christopher?
-Dime.
-No quiero
ser mala contigo... ni buena tampoco...- ¡vaya claridad la mía!- No quiero
tener nada que ver contigo...
-Melissa...
-me besó en la sien.- Tu discurso cada vez me convence menos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario