Nos sentamos
en silencio.
Pasados unos
minutos empecé a desesperarme. No sirvo para esperar.
-¿De qué
querías hablar?
-Melissa, no
puedo seguir así.- me miró. Aguanté la respiración unos momentos y la solté de
a poco para que no lo notara.
-No entiendo
a qué te refieres...
Se sentó
derecho, mirando hacia el cielo, absorto. No me hacía ninguna gracia su
comportamiento.
-Melissa...
-¿Sí?- me
estaba estresando de verdad. ¿Qué no podía hablar de una vez? Estaba muriendo
de frío...
-¿Qué...?
Bueno, no es que me incumba exactamente, pero...
-Maldición,
si tienes algo que decir, ¡dilo!
Fijó sus
ojos en mí, y lamenté haber dicho lo que dije.
-¿Qué clase
de... relación tienes con James? - me quedé de piedra.- Quiero decir... la
forma en que él te miraba y cómo reaccionaste...
Las lágrimas
se agolparon en mis ojos. No podía evitarlo, era un tema muy doloroso para mí.
-No los necesito más- sentenció James.
-¿De qué estás hablando?- Nathan y yo no podíamos creer lo que
estábamos escuchando.
-Pues eso, me harté de ustedes. Son una pareja de memos que no me
favorece en nada.- frunció el ceño.- No sé cómo no lo noté antes... todos estos
años, desperdiciados por su culpa...
-James... no puedes estar hablando en serio...
-Lo siento, Mel, pero no puedo seguir mintiendo de esta forma.- en sus
ojos había culpa, pero la desechó con un gesto.- Mi mundo y el suyo no es
igual. Somos diferentes, tenemos intereses y metas distintas.
-¡Lo que dices no tiene sentido!- estalló de pronto Nathan.- ¡Nadie es
igual a otro!
Silencio incómodo... los odiaba...
-Es por ella, ¿cierto?- temía la respuesta, pero debía saberlo.
-Lo siento, Melissa, pero no estás a mi altura.- me miró despectivo. No
soportaba su tono, no aguantaba sus hirientes palabras.- No eres nada. No me
mereces. Ni tú, Nathan.
James se acercó a Nathan y le susurró algo. Este se limitó a apretar
los puños mientras veíamos alejarse a nuestro amigo. Para siempre.
-¿Melissa?
¿Estás… llorando?
Trató de
acercarse, pero lo aparté bruscamente.
-No... no
trates... no te metas en mi vida.- dije temblando.- Has llegado muy lejos.
Me fui de
allí, no podía soportar que me viera así.
Entré al
baño, me lavé la cara, y cuando dejó de estar roja, me fui a clases. La
profesora me regañó un rato por llegar tarde, pero más que eso no fue.
No logré
atender sus palabras. No podía dejar de pensar en Christopher... ni en James.
¿Por qué mi vida era tan complicada? No era justo.
Al recreo
estuve con Nathan, y le conté lo sucedido.
-Creo que
fuiste algo grosera, Mel.- su tono era sombrío, pero trato de sonreír.
-Lo sé...
pero es que... ¡él no tenía derecho a meterse en eso!
-Shh...
tranquila.- me abrazó. Yo temblaba, era inevitable.- Melissa.- me sorprendió
que me llamara por mi nombre completo. Siempre me decía Mel.- Tienes que
aceptarlo. De una u otra manera, eres importante para él. Y lo que sucedió
con... con James... ya no vale la pena. Debes seguir, pequeña.
Me aparté bruscamente.
-¿¡Cómo que
no vale la pena!?- me exalté. Varias personas que iban pasando se quedaron
mirando.- ¿¡Cómo puedes decir eso!? ¡También te importa, y lo sabes! ¡Deja de
tratar de hacerte el fuerte, Nathan!
Me largué de
allí también. Tal parece que era el día de huir del mundo.
Estaba
llorando otra vez, y no veía bien por donde iba, pero eso no era lo importante.
Quería un lugar tranquilo donde dejarme caer para desahogarme en paz. Eso era
todo...
-¡Hey,
tranquila!- me di un cabezazo con un chico que doblaba la esquina, pero
seguí mi camino, imperturbable. Choqué con otro tipo y se le cayeron sus
libros, pero no tenía tiempo de disculparme. Ni tiempo, ni ganas, ni nada.
Abrí la
puerta y le pegué con ella a una chica que iba a entrar.
-¡Oye! ¡Fíjate
por donde vas!
Iba a darme
la vuelta para gritarle unas cuantas cosas (sí, estaba hecha un energúmeno descontrolado), pero alguien se
interpuso.
-Lo siento,
ella no está bien. No te preocupes, yo me encargo.- le dedicó una sonrisa tan
encantadora, que ella se lo quedó mirando como idiota y no dijo nada más.
Avancé por
la hierba sin mirar al imbécil que me seguía.
-Vas a
congelarte.- señaló.
-Pues no te
importó eso cuando me obligaste a llegar tarde a clases.- solté mordazmente.
Se quedó callado.
Llegamos al
final del patio y me dispuse a sentarme, pero Christopher me detuvo.
-Espera.- se
sacó la chaqueta y la puso en el suelo.- siéntate allí. La hierba esta mojada,
y con tu suerte, no querrás enfermarte.
Lo miré un
momento, y me senté sin protestar. No tenía ánimo.
Me quede así
un rato, con Christopher de pie a mi lado, observando el vacío. Pero pronto
empecé a tiritar, en una mezcla de frio, pena y desesperación.
-Melissa...
No respondí.
Quería ignorarlo, quería fingir que estaba sola, que no había nadie a escasos
centímetros de mí.
Oí el ruido
de un cierre, y luego algo suave cayó sobre mí.
Era su
suéter.
Estaba muy
cálido y su olor me inundó, haciendo que me acurrucara debajo.
-No quise
entrometerme.- se había sentado a mi lado.- Tenía curiosidad, pero no quería
hacerte sufrir. De verdad.
Sonaba tan
sincero... pero...
-Christopher.-
me giré a mirarlo.- Lo siento...
Se quedó
atónito. Fruncí el ceño. ¿Por qué reaccionaba así? ¿Acaso no podía disculparme?
-¿Lo
sientes? - asentí.- ¿Por qué?
-Es que...-
suspiré pesadamente.- Sé que tienes buenas intenciones, pero soy incapaz de
corresponderlas. Simplemente no puedo confiar en ti... no es nada personal,
eres un buen chico, pero... no puedo.
Se quedó
pensativo un momento, con una expresión indescifrable. No pude evitar sonreír
un poco para mis adentros. Se veía muy lindo...
-¿Es por
James?- preguntó por lo bajo, como si el alzar el tono fuera a hacerme huir de
nuevo.
-Sí, es por
él.- concedí. ¿De qué servía mentirle?
-Mira, no
voy a preguntarte qué fue lo que te hizo, porque me doy cuenta de que no es
algo fácil para ti.- se lo agradecí en silencio.- Pero, si alguna vez quieres
decirme, estaré esperándolo.
-Gracias.
Pero no lo esperes demasiado, no creo que suceda.
Sonrió
enigmático y se acercó un poco.
-Vas a
confiar en mí, Melissa.- susurró.- Tarde o temprano, me ganaré tu confianza. Y
tal vez...
-¿... tal
vez?
-Y tal vez
algo más.- se limitó a decir, mirándose las manos.
-No te hagas
ilusiones.- sonreí. Y me devolvió la sonrisa.
Me sentía mucho mejor. Su compañía me había serenado, por
primera vez en la vida. No quería irme de su lado, de pronto se sentía tan
bien... pero el timbre sonó para regresar a clases.
Nos
incorporamos, recogió su chaqueta, y caminamos hasta nuestros respectivos salones.
No me di
cuenta, pero no le había devuelto el suéter.
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