.

.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Cambios y Chocolates. Parte IV.

En dos días comenzaba el campeonato interescolar, y todo el mundo estaba más atareado que nunca. Josh y yo hacíamos lo que podíamos para no aburrirnos ni dejarnos consumir por el espíritu competitivo que se respiraba en el instituto, pero no era fácil. De hecho, era tal el fanatismo deportivo que se vivía esos días, que algunas clases se suspendían para "dar mayores facilidades a quienes representan a nuestra institución".
-Daría lo que fuera por un poco de brisa.- se quejaba mi amigo esa mañana. Y es que con ese clima tan cambiante que teníamos en la ciudad, un día morías de frío y te empapabas, y al siguiente rogabas por un par de nubes que cubrieran ese sol tan radiante.
-No sé de qué te quejas, si por poco y ni ropa traes puesta.- y no exageraba demasiado, pues llevaba una camisa blanca muy pero muy delgada (casi transparente) y un short.
-Que tú no quieras quitarte ese suéter no quiere decir que todos tengamos que arroparnos como esquimales.- replicó, divertido.
-Sabes que no me gusta la ropa muy descubierta.
-Apostaría a que llevas una de esas camisetas escotadas que tu madre te regala y por eso prefieres morir sofocada...
-¡Cállate!- lo golpeé un poco mientras él se doblaba de risa. Pero tenía razón, llevaba una de esas estúpidas camisetas con tiritas, tan ajustadas que era como si no llevara nada puesto.
-Terminarás quitándote el suéter, recuerda mis palabras.- sonrió divertido.
-Y tú acabarás en una zanja antes de que termine el día como no te calles.
-Ja ja, muy graciosa, Mel.-me revolvió el cabello. Fruncí un poco el ceño y traté de hacerle lo mismo, pero no alcanzaba. Era muy alto para mi.- ¡Eres una enana! Venga, esfuérzate, tú puedes.
Salté lo más alto que pude varias veces y cuando estuve a punto de lograrlo, huyó como una gallina, así que lo perseguí por el pasillo, pero no conseguía alcanzarlo.
Y en eso (vaya suerte la mía) choqué con Rachel Simmons... quien iba acompañada de Christopher...
-Lo siento.- mascullé entre dientes, tratando de poner cara de indiferencia pero a la vez de disculpa, cosa nada fácil.
-¿Crees que con eso vas a solucionarlo todo?- se indignó Rachel, poniendo sus brazos en jarras.
Abrí la boca con intención de soltarle algo nada amable que se empezaba a dibujar en mi mente, pero tal parece que Christopher lo vio venir, porque si interpuso entre ambas.
-Vamos, Rach, no vale la pena.- dijo, tomándola del brazo para llevarla a otro sitio, quien sabe dónde o para qué...
Quedé perpleja un segundo, y luego sentí como si me clavaran algo helado en el pecho. Un escalofrío muy desagradable me bajó por la espalda y mis músculos se tensaron. ¿Cómo podía haber dicho eso?
Los vi alejarse con un nudo en la garganta, pero no dejé que se reflejara en mi semblante. Tal como él había dicho, no valía la pena...
-Vamos, Josh.
Caminamos hacia la cafetería, y una vez adentro mi amigo no aguantó más.
-Mel, ¿qué fue todo eso?
-No sé de qué estás hablando...
-¿Por qué parece como si Christopher y tú se odiaran a muerte... otra vez?
-Te repito, no sé de qué hablas. Desde que yo recuerdo ha sido así, y así es como debe ser. Y se acabó el tema, ¿bueno?- añadí al verlo con ganas de insistir.
-Vale, vale...
Nos pusimos en la fila para conseguir algo con que calmar el hambre, ya que casi era la hora de almorzar... o eso creíamos, porque con todas esas clases de menos era bastante difícil orientarse en cuanto a la hora.
Estábamos charlando sobre nuestro plan de ir al parque de diversiones el fin de semana, cuando mis problemas personificados entraron uno tras otro.
Primero entraron Christopher, aún con Rachel, pero ésta vez también con Samanta Cooper y Chloe; y un par de pasos más atrás, iba James  con una sudadera sin mangas que dejaba apreciar sus musculosos brazos y su perfecto "bronceado de eterno verano", como a él le gustaba catalogarlo. Y no acabaron de cerrarse las puertas cuando Nathan entró, cabizbajo y ensimismado.
¿Es que mi karma era tan malo? ¿Qué clase de crimen contra la naturaleza había cometido para merecerme eso?
Aún estaba peleada con mi mejor amigo, y en ese momento era lo que más me preocupaba. Christopher y James podían irse al carajo, sólo me importaba Nathan. Pero me sentía incapaz de mirarlo a la cara después de lo que había dicho, cosa bastante contradictoria siendo que mi cabeza acababa de enviar al basurero a James... casi literalmente...
-Mel...
Josh me miraba con esa carita de perrito abandonado que siempre me conmovía, pero no quería decir que fuera a convencerme de buenas a primeras.
Me abracé con fuerza a mi amigo y dejé que me revolviera el cabello.
-Si descubro que estás tratando de convertirme en tu nuevo Nathan, te patearé en el suelo sin ninguna contemplación.- se burló.
-Idiota...
Aun así logró hacerme reír.
Sin embargo, mi alegría no alcanzó a durar ya que algo inmensamente frío me cayó encima.
Alcé la vista y me encontré con Nicholas Harrison, el tipejo con que había chocado hace un par de días en la entrada del instituto, y su vaso (ahora vacío) de refresco en una de sus gigantescas manos.
-Vaya... parece que estamos a mano, bombón.- se mofó de mí.- No te angusties, ya verás cómo te secas afuera...
Se alejó con una sonrisa de triunfo, y yo me quedé en la fila de la comida, mojada y furiosa, en especial porque tendría que quitarme mi holgado y cómodo suéter ante las miradas de un montón de entrometidos que habían presenciado el numerito de Harrison.
Un poco más atrás podía oír la inconfundible risa de Chloe, y de otras personas que no quise esforzarme en reconocer.
-Te dije que acabarías sin esa cosa...
-Cállate.- le espeté tirándole la prenda mojada en la cara.
Algunas risas cesaron en cuanto mi cuerpo dejó de estar oculto con el suéter, y de reojo pude ver a Christopher mirándome de una manera que me hizo temblar...
-Cállate tú, enana.- se rió, tirándola hacia mí.
Solté un leve bufido, y puse el suéter bajo mi brazo.
Se veía venir un largo día...

No hay comentarios:

Publicar un comentario