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miércoles, 4 de marzo de 2015

Cambios y Chocolates. Parte V.

Por la tarde tuve clases de deporte, y como había un hermoso día y las "estrellas" necesitaban entrenar y, por ende, usar la cancha, la profesora nos llevó a ver las prácticas. Así que, por primera vez desde que había comenzado todo el asunto del campeonato, di gracias al cielo por aquel estúpido acontecimiento que me mantenía lejos de aquellos ejercicios aún más estúpidos.
Lamentablemente, esa clase no me tocaba con Josh, y su gemelo estaba en el equipo de básquetbol, así que no podía contar con él tampoco. Y Phill... bueno, era el novio de mi mejor amiga, pero no era cercano a mí, y tenía su propio grupo de amigos... con el que estaba en ese momento, dejándome totalmente sola en un lado de la galería.
Kate estaba abajo en la cancha con su uniforme de porrista, dando instrucciones a las demás chicas. De seguro en un par de meses le daban el título de capitana, se lo merecía.
Así que serían dos horas de estar ensimismada, o de ver a todos esos sujetos jugar...
-Hola, Melissa.
Perfecto... el señor no-sé-respetar-el-espacio-de-los-demás Andrews.
-Hola, Paul.- saludé sin ganas.
-¿Qué haces tan solita?- preguntó, pasándome un brazo por los hombros. Si lo hubiera hecho cualquier otro me habría escandalizado en el acto, pero con ese tipo ya estaba más que acostumbrada... lo que no significaba que no me molestara. Porque sí lo hacía. Y bastante.
-Estaba esperando a ver quién era el primer idiota que se acercaba a preguntármelo. Felicidades, pareces ser el ganador.- me divertí un rato.
-Parece que alguien se levantó del lado equivocado de la cama. ¿Por qué todos andan así hoy? Primero mi madre, después Chris y ahora tú... vaya geniecito que se gastan ustedes, ¿no?
Unas increíblemente insistentes ganas de preguntar a qué se refería con el mal genio de Christopher me nacieron de quién sabe dónde. Pero las contuve.
-¿Y qué tal tu vida?- cambié de tema, sin estar realmente interesada en la respuesta.
-Ya sabes, soy un tipo de mundo, me gusta hacer de todo un poco... y correr riesgos.- agregó con una mirada extraña.
-¿De qué hablas?
-Bueno, digamos que es un poco... peligroso, para mí, estar acá hablando a solas contigo…
-¿Y eso por qué?- Paul estaba tornándose más y más extraño a cada segundo. ¿Qué estaba mal con su cabeza? Seguro que se había caído de la cuna cuando era bebé.
No me respondió, sólo me hizo un gesto con la cabeza hacia la cancha donde los jugadores estaban calentando. Después se apoyó en mi hombro con una gran sonrisa. Pero esa sonrisa no iba para mí, ni para él mismo. Iba hacia el campo de juego, pero no pude descubrir a quién iba dedicada.
En un momento Ian nos miró y saludó alegremente con la mano, pero Paul no lo estaba mirando.
Hacía varios días que no charlaba con Ian. Lo estaba extrañando...
Y a Nathan...
En eso el aludido dirigió sus ojos azules hacia mí y sonrió con tristeza. Estaba arrepentido. Y yo lo quería tanto.
Le sonreí ampliamente y le envié "volando" un beso con mi mano en señal de que estábamos bien. Su rostro se iluminó, "atrapó" el beso y se lo llevó al corazón.
Del otro lado del campo de juego, Christopher me fulminó con la mirada un segundo, y luego pasó a ignorarme por completo.
Bien por él.
-Siempre he tenido una duda.- comenzó Paul, saliendo de su extraño trance.- Ese tipo, Nathan, ¿es tu novio?
No pude evitarlo. Me eché a reír estrepitosamente. Incluso sentí caerme encima un par de miradas curiosas, pero estaba muy ocupada tratando de serenarme para preocuparme por eso.
-Tomaré eso como un no...
-¿De dónde sacaste eso?- quise saber, secándome una lágrima de risa.
-Bueno, lo he oído por ahí... y también sueles estar con él todo el tiempo, eso sumado a que es uno de los pocos chicos a los que abrazas y esas cosas...
-Te has estado juntando demasiado con Christopher Davis.- le solté con una mirada amarga.- Esas son las mismas observaciones que él solía hacerme.
-Oh, bueno, él también lo piensa. Eso, y que no sabes cuidar tu imagen frente al resto.
Fruncí el ceño. Típico de él.

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