Por la tarde
tuve clases de deporte, y como había un hermoso día y las "estrellas"
necesitaban entrenar y, por ende, usar la cancha, la profesora nos llevó a ver
las prácticas. Así que, por primera vez desde que había comenzado todo el
asunto del campeonato, di gracias al cielo por aquel estúpido acontecimiento
que me mantenía lejos de aquellos ejercicios aún más estúpidos.
Lamentablemente,
esa clase no me tocaba con Josh, y su gemelo estaba en el equipo de básquetbol,
así que no podía contar con él tampoco. Y Phill... bueno, era el novio de mi
mejor amiga, pero no era cercano a mí, y tenía su propio grupo de amigos... con
el que estaba en ese momento, dejándome totalmente sola en un lado de la
galería.
Kate estaba
abajo en la cancha con su uniforme de porrista, dando instrucciones a las demás
chicas. De seguro en un par de meses le daban el título de capitana, se lo
merecía.
Así que
serían dos horas de estar ensimismada, o de ver a todos esos sujetos jugar...
-Hola,
Melissa.
Perfecto...
el señor no-sé-respetar-el-espacio-de-los-demás Andrews.
-Hola, Paul.-
saludé sin ganas.
-¿Qué haces
tan solita?- preguntó, pasándome un brazo por los hombros. Si lo hubiera hecho cualquier otro me habría
escandalizado en el acto, pero con ese tipo ya estaba más que acostumbrada...
lo que no significaba que no me molestara. Porque sí lo hacía. Y bastante.
-Estaba
esperando a ver quién era el primer idiota que se acercaba a preguntármelo.
Felicidades, pareces ser el ganador.- me divertí un rato.
-Parece que
alguien se levantó del lado equivocado de la cama. ¿Por qué todos andan así
hoy? Primero mi madre, después Chris y ahora tú... vaya geniecito que se gastan
ustedes, ¿no?
Unas
increíblemente insistentes ganas de preguntar a qué se refería con el mal genio de
Christopher me nacieron de quién sabe dónde. Pero las contuve.
-¿Y qué tal
tu vida?- cambié de tema, sin estar realmente interesada en la respuesta.
-Ya sabes,
soy un tipo de mundo, me gusta hacer de todo un poco... y correr riesgos.-
agregó con una mirada extraña.
-¿De qué
hablas?
-Bueno,
digamos que es un poco... peligroso, para mí, estar acá hablando a solas
contigo…
-¿Y eso por
qué?- Paul estaba tornándose más y más extraño a cada segundo. ¿Qué estaba mal
con su cabeza? Seguro que se había caído de la cuna cuando era bebé.
No me
respondió, sólo me hizo un gesto con la cabeza hacia la cancha donde los
jugadores estaban calentando. Después se apoyó en mi hombro con una gran
sonrisa. Pero esa sonrisa no iba para mí, ni para él mismo. Iba hacia el campo
de juego, pero no pude descubrir a quién iba dedicada.
En un
momento Ian nos miró y saludó alegremente con la mano, pero Paul no lo estaba
mirando.
Hacía varios
días que no charlaba con Ian. Lo estaba extrañando...
Y a
Nathan...
En eso el
aludido dirigió sus ojos azules hacia mí y sonrió con tristeza. Estaba
arrepentido. Y yo lo quería tanto.
Le sonreí
ampliamente y le envié "volando" un beso con mi mano en señal de que
estábamos bien. Su rostro se iluminó, "atrapó" el beso y se lo llevó al corazón.
Del otro
lado del campo de juego, Christopher me fulminó con la mirada un segundo, y
luego pasó a ignorarme por completo.
Bien por él.
-Siempre he
tenido una duda.- comenzó Paul, saliendo de su extraño trance.- Ese tipo,
Nathan, ¿es tu novio?
No pude
evitarlo. Me eché a reír estrepitosamente. Incluso sentí caerme encima un par
de miradas curiosas, pero estaba muy ocupada tratando de serenarme para preocuparme
por eso.
-Tomaré eso
como un no...
-¿De dónde
sacaste eso?- quise saber, secándome una lágrima de risa.
-Bueno, lo
he oído por ahí... y también sueles estar con él todo el tiempo, eso sumado a
que es uno de los pocos chicos a los que abrazas y esas cosas...
-Te has
estado juntando demasiado con Christopher Davis.- le solté con una mirada
amarga.- Esas son las mismas observaciones que él solía hacerme.
-Oh, bueno,
él también lo piensa. Eso, y que no sabes cuidar tu imagen frente al resto.
Fruncí el ceño.
Típico de él.
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