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martes, 10 de marzo de 2015

Reconstrucción del Pasado. Parte I.

Odiaba los lunes, sobre todo después de un fin de semana tan increíblemente relajado. Tras la primera hora de química, necesité encerrarme en el baño un rato para despejarme.
Oí la puerta abrirse, y me oculté en una cabina (tal parecía que me obsesionaba no ser vista en el baño).
-Entonces, ¿te besó?- era la voz de Chloe.
Unas risitas acompañaron su pregunta.
-No, pero estuvo a punto.- era Rachel.
-¿Y qué sucedió?- relevó Sam.
Con que todo el grupito estaba ahí... habría sido mejor idea tirarme por la ventana...
-Llegaste tú, preguntando por Sam, ¡en el momento menos oportuno!- casi chilló.
-¿Estás segura que iba a besarte? ¿No habrá sido tu imaginación otra vez?- Sam se mostraba visiblemente escéptica.
-¡Claro que sí! Conozco a Chris lo suficiente como para darme cuenta.- se me hizo un nudo en la garganta. ¿Chris? ¿Se refería a ese Chris?- Pasó conmigo gran parte de la noche...
-Y con Louise.- recalcó Sam.
-Sí, ya. Pero también conmigo.- terció Rachel.- Me miró largo rato, y me dijo que me veía hermosa...- soltó un largo y sonoro suspiro, que se sintió como una patada en mi estómago.- Acarició mi mejilla varias veces, y se acercaba mucho. Seguro que se moría por besarme.
Cada palabra se me clavaba dentro con fuerza, con rabia. Me dolía el pecho, muchísimo, desesperadamente.
¿Quiso besarla? ¿Justo antes de besarme a mí?
-Siempre andas fantaseando con él, y él siempre coquetea contigo; ya va siendo hora de que lo hagan oficial, ¿no crees?- dijo Chloe.- Si no quieres que alguien más te la juegue.
-¿Cómo quién?- se enfadó la aludida.
-Como la niñita Walker.- apuntó la otra.- Pasan mucho tiempo juntos. Demasiado.
Louise y Rachel... ¿cómo pude imaginar que yo era la única?
No es que creyera que él estaba interesado en las tres de la misma manera, no quería pensar eso aún. Pero, incluso aunque no fuese así... él las trataba de forma especial... como a mí.
¿Quería decir que yo no significaba más que ellas? ¿Qué no era más importante?
Él podía ser encantador y dulce con más chicas...
Ese pensamiento me devastó. Me cogí el pelo con desesperación, y al notarlo me tomé las manos, pero con tanta fuerza que me hice daño.
En ese momento, sentía que lo odiaba. Profundamente.
No porque fuera lindo con otras que no fuera yo... sino porque lo era de la misma forma. Porque yo no era ni más ni menos en su vida. Era sólo alguien más, una de tantas.
No era importante, no hacía diferencia.
No me necesitaba en absoluto.
-Bueno, es una gran idea... pero no sé si estaremos listos...
-Pues, pregúntale.- sugirió Sam, uniéndose de nuevo a la charla.
-¿No sería muy... atrevido?- dijo con una risita pícara.
“¡Váyanse! ¡No quiero escuchar más!”
La rabia me embargaba hasta lo más hondo. No quería más...
El timbre de regreso a clases sonó, y quedé sola en el baño. Pero me sentí incapaz de moverme.

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