Odiaba los
lunes, sobre todo después de un fin de semana tan increíblemente relajado. Tras
la primera hora de química, necesité encerrarme en el baño un rato para
despejarme.
Oí la puerta
abrirse, y me oculté en una cabina (tal parecía que me obsesionaba no ser
vista en el baño).
-Entonces,
¿te besó?- era la voz de Chloe.
Unas risitas
acompañaron su pregunta.
-No, pero
estuvo a punto.- era Rachel.
-¿Y qué
sucedió?- relevó Sam.
Con que todo
el grupito estaba ahí... habría sido mejor idea tirarme por la ventana...
-Llegaste
tú, preguntando por Sam, ¡en el momento menos oportuno!- casi chilló.
-¿Estás
segura que iba a besarte? ¿No habrá sido tu imaginación otra vez?- Sam se
mostraba visiblemente escéptica.
-¡Claro que
sí! Conozco a Chris lo suficiente como para darme cuenta.- se me hizo un nudo
en la garganta. ¿Chris? ¿Se refería a ese Chris?- Pasó conmigo gran parte de la
noche...
-Y con
Louise.- recalcó Sam.
-Sí, ya.
Pero también conmigo.- terció Rachel.- Me miró largo rato, y me dijo que me
veía hermosa...- soltó un largo y sonoro suspiro, que se sintió como una patada
en mi estómago.- Acarició mi mejilla varias veces, y se acercaba mucho. Seguro
que se moría por besarme.
Cada palabra
se me clavaba dentro con fuerza, con rabia. Me dolía el pecho, muchísimo,
desesperadamente.
¿Quiso
besarla? ¿Justo antes de besarme a mí?
-Siempre
andas fantaseando con él, y él siempre coquetea contigo; ya va siendo hora de
que lo hagan oficial, ¿no crees?- dijo Chloe.- Si no quieres que alguien más te
la juegue.
-¿Cómo
quién?- se enfadó la aludida.
-Como la
niñita Walker.- apuntó la otra.- Pasan mucho tiempo juntos. Demasiado.
Louise y
Rachel... ¿cómo pude imaginar que yo era la única?
No es que
creyera que él estaba interesado en las tres de la misma manera, no quería
pensar eso aún. Pero, incluso aunque no fuese así... él las trataba de forma
especial... como a mí.
¿Quería
decir que yo no significaba más que ellas? ¿Qué no era más importante?
Él podía ser
encantador y dulce con más chicas...
Ese
pensamiento me devastó. Me cogí el pelo con desesperación, y al notarlo me tomé
las manos, pero con tanta fuerza que me hice daño.
En ese
momento, sentía que lo odiaba. Profundamente.
No porque
fuera lindo con otras que no fuera yo... sino porque lo era de la misma forma.
Porque yo no era ni más ni menos en su vida. Era sólo alguien más, una de tantas.
No era
importante, no hacía diferencia.
No me
necesitaba en absoluto.
-Bueno, es
una gran idea... pero no sé si estaremos listos...
-Pues,
pregúntale.- sugirió Sam, uniéndose de nuevo a la charla.
-¿No sería
muy... atrevido?- dijo con una risita pícara.
“¡Váyanse!
¡No quiero escuchar más!”
La rabia me
embargaba hasta lo más hondo. No quería más...
El timbre de
regreso a clases sonó, y quedé sola en el baño. Pero me sentí incapaz de
moverme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario