-Hola, Mel.
-Hola, Josh.
-¿Por qué
esa cara?
-Bueno, con
ésta nací, ¿sabes?- resoplé.
-Si te vas a
poner en ese plan creo que mejor iré a tomar mi soda... por allá...
-No, Josh,
no te vayas.- me miró con cara de pregunta, y yo sólo atiné a abrazarme a su
cuello.- Creo que cometí un error tremendo.- susurré en medio de mi
desesperación interna.
-Mel... - se
apartó un poco y me miró con gravedad.- ¿A quién mataste?
No pude
evitarlo. Estallé en carcajadas. Y él conmigo.
-Vamos
pequeñaja, le prometí a Ian no perderme ni un solo partido.
-Vale, pero
si muero de insolación te mataré y patearé tu cadáver sin contemplaciones.
-¡Hey! ¡Esa
es mi frase! ¡Eres un plagio con patas!
Reímos
nuevamente mientras avanzábamos hacia el campo de juego.
Era un lunes
horriblemente soleado, y la concentración de gente en el mini estadio del
instituto no mejoraba en nada el panorama.
Los
jugadores estaban agrupados en su lado de la cancha y sus rivales en el otro,
mientras las porristas de ambos equipos hacían piruetas, gritos, saltos y cosas
por el estilo.
El árbitro
entró en escena dando a entender que el espectáculo empezaría de un momento a
otro, de modo que las animadoras corrieron fuera del campo.
Kate le dijo
algo a Nathan y sus ojos brillaron de una forma increíble al oírlo. Que
afortunada era esa chica. Y ni siquiera lo sabía.
Rachel
abrazó a Christopher, supuse que para desearle buena suerte. Y luego... una
chica que no había visto antes, o más bien dicho, en quien no había reparado
antes, lo abrazó de una forma muy tierna... Se quedaron unos segundos así, él
le acarició el cabello y ella lo besó en la frente antes de ir con las demás.
-Josh...
-Dime...
-¿Quién es
esa chica?
-¿Cuál?
-La de largo
cabello marrón y sonrisa dulce.
-Ah, ella es
Louise Walker, es hija de la enfermera. - hizo una pausa y siguió hablando sin
mirarme.- ¿Por qué ese repentino interés?
-¿Interés?
No, no es eso. Es que... no la había visto antes... y me dio curiosidad.
Aunque era
una curiosidad bastante extraña porque era fría... y hacía mucho daño.
-Tranquila,
Mel. Todo va a estar bien.- mi amigo me pasó un brazo por los hombros, y
recosté mi cabeza en él.
Una vez
acabado el partido, Nathan, Ian, Josh y yo fuimos juntos a la cafetería, y
después nos sentamos en el patio cerca de unos árboles para comer los
sándwiches que compramos.
-¡Estoy
muriendo!- se quejó Nathan, antes de tenderse en el pasto con la cabeza apoyada
en mis piernas.
-Eres como
una niña.- se burló Ian.
-Claro que
no, déjame en paz.- se enfurruñó el aludido.
Mordisqueé
mi pan con aire ausente, viendo como la gente iba y venía entre alegres
charlas, bromas y sonrisas.
-¿Qué pasa,
Mel?- Ian me miró preocupado.
-No es
nada.- mentí.
Josh le hizo
una seña a su gemelo para que no insistiera, y tal parece que lo entendió. Pero
Nathan era otra cosa...
-¿Te pasó
algo? ¿Te hicieron algo?
-No, en
serio no es nada.
-Mel...
Ian se
aclaró la garganta ruidosamente.
-Emm... Josh y
yo vamos por unos refrescos, ¿quieren algo?
-No,
gracias.
-Vale.
Vamos, Josh.
Tras la
partida de los hermanos, nos quedamos en silencio contemplando las escasas
nubes que se deslizaban por el cielo.
Nathan sabía
que algo iba mal y eso lo intranquilizaba. No quería preocuparlo, pero, si le
decía, las cosas podían ponerse peor. Él era muy sobreprotector conmigo, y si
creía que Christopher representaba una amenaza para mi felicidad, no iba a
quedarse de brazos cruzados. Y era tan terco que si se le metía una idea, iba a
ser una tarea titánica convencerlo de lo contrario.
-Si no
quieres decirme está bien... - comenzó despacio sin mucha convicción.- Pero si
necesitas ayuda no dudes en venir a mí.
-Gracias.
Se sentó a
mi lado y me abrazó.
Sin duda era
el mejor amigo que alguien podía tener.
-No voy a
dejar que te hagan daño de nuevo, Mel.
James...
Escondí mi
rostro en su hombro y lloré.
Lloré mucho hasta
que toda la tensión de esos días desapareció.
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