-Entra al
auto de una vez.- gruñó tras bajar la ventanilla.
Lo ignoré y
seguí caminando.
No quería
estar con él, mucho menos a solas.
Estacionó el
auto un par de metros por delante de mí y se bajó. Me alcanzó fácilmente. Se
veía enojado.
-Ven.- ordenó.
-Déjame en
paz.- traté de seguir mi camino, pero se puso delante, bloqueándome el paso.
-Es la
última vez que te lo digo, Melissa, súbete al auto.
Había algo
distinto en su manera de hablar, una rudeza que no creí que existiera en
alguien que se veía siempre tan dulce y amable. ¿Acaso ése era su verdadero yo?
-Olvídalo.-
no iba a subirme con alguien a quien, al parecer, no conocía.
-En ese
caso, no pienso seguir siendo amable contigo.- sentenció duramente, y a
continuación me tomó del brazo y comenzó a tirar de mí en dirección al
vehículo.
-¡Oye!
¡Déjame!- me solté con algo de dificultad y traté de escapar de él. No tenía
miedo; estaba furiosa.
Y al
parecer, él también. Volvió a sujetarme, esta vez con más fuerza.
-¡Vamos!
-¡No quiero!
¡Suéltame!
-¡No me
importa lo que quieras! Si tengo que arrastrarte hasta el auto para que tu
resfriado no empeore, créeme, lo voy a hacer.
Me quede de
piedra. ¿Estaba molesto... porque no me estaba cuidando? ¿Qué clase de cerebro
tenía ese sujeto?
En eso, la
ventanilla trasera del auto se abrió, y Paul se asomó por ella.
-¡Oigan!-
gritó.- ¡Quiero irme a casa también! ¡Entren!
Suspiré,
resignada.
-Voy a ir,
pero no por ti.
-No necesito
que hagas nada por mí, Melissa. Sólo... sólo súbete ya.- murmuró desviando la
vista.
Le hice
caso, y me senté atrás, junto a Paul. No tenía ganas de ir todo el camino
viéndole la cara a Christopher.
Él también
se subió, y arrancó el motor en silencio, sin mirar a nadie.
Paul se
acercó mucho, lo suficiente como para alcanzar mi oído y susurrar:
-¿Qué
hiciste para que se enojara?
Apoyé mi
mejilla contra la suya, así el alcanzaba mi oído y yo el suyo; de ese modo
podíamos susurrar en paz, sin peligro de ser escuchados por el conductor.
-Que yo
sepa, caminar bajo la lluvia...
-Mmm... esto
se está volviendo muy serio.
-¿De qué
hablas?- mi corazón se aceleró, no supe por qué.
-Bueno... la
última vez que lo vi así de molesto fue hace unos tres años, cuando unos niños
golpearon a su hermano, Kevin.- eso me sorprendió enormemente, y peor aún, me
dejo confundida.- Creí que sólo eran celos, pero se ve... herido. Y mucho.
Jamás lo había visto así por una chica, y lo conozco desde hace mucho tiempo.
-No
entiendo...
-Yo algo,
pero no demasiado.- hizo una pausa para suspirar.- Lamento decírtelo, pero está
enojado de verdad. Es algo que casi no sucede, pero cuando pasa, parece eterno.
Peor aún, parece estar enojado con él mismo... ah, va a ser un dolor de cabeza
para todo el que se le cruce.
El auto se
detuvo.
-Llegamos.
Bájate.- dijo secamente, mirando por el espejo retrovisor.
-Gracias por
traerme.- murmuré.
-Cuídate,
bonita.- Paul me besó en la mejilla.- ¡Estás ardiendo! Yo diría que tienes
fiebre.- apoyó su frente contra la mía.- Sí, estás muy caliente. Deberías ir a
acostarte, y...
Christopher
golpeó el volante, interrumpiendo a su amigo.
-Ella es
bastante grande para saber qué tiene que hacer, Paul. Deja que se baje.
-Adiós...
-Melissa...-
Paul trató de detenerme, pero me bajé y corrí hasta mi casa, hasta mi
habitación.
Estaba
llorando.
Me dolía el
corazón, si es que aún tenía uno.
Me puse
pijama, sequé mi cabello y bajé a prepararme un té.
-¿Te sientes
mal, Mel?- mamá estaba preparando la cena.
-Algo...
creo que tengo fiebre.
-Deberías
quedarte en cama hasta que te recuperes del todo, no quiero que te dé algo
grave.
-De acuerdo.
Voy a dormir un rato...
No tenía
ganas de hablar, y sentía que me escocían los ojos. No podía dejar que mamá me
viera llorar.