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miércoles, 4 de marzo de 2015

Cambios y Chocolates. Parte III.

Christopher y yo entramos con los pequeños a ver Megamente, mientras Alex y su novio fueron a otra sala a ver una porquería romántica para parejitas, lo cual no me hacía ninguna gracia, ya que me habían prácticamente arrastrado hasta el cine ¡y ni siquiera se dignaban a ir a la misma película! Y no sólo eso: me dejaban con Chris.
-¿Quieres?- Mia me ofreció de su refresco.
-No, gracias.- le susurré.
-Tal vez quieras del mío...- insinuó Christopher por lo bajo.
Me quedé en silencio mirando hacia la gigantesca pantalla, con mis latidos retumbando con fuerza en mi pecho, fingiendo no haberlo oído. No me atrevía a hablarle, ni mucho menos a mirarlo después de lo sucedido en el instituto. Probablemente para él no había sido nada, pero para mí... No podría asegurar lo mismo.
Ay, pero ¡¿QUÉ ESTABA DICIENDO!? No había pasado nada de nada, y aunque hubiese pasado, no tenía ningún significado extraño o especial para mí.
Ese era el modo en el que debía ser.


Cuando acabó la función, Alex (a la que busqué desesperadamente por todo el cine) llamó para decir que ella y Phill se quedarían un par de horas más, y como habíamos llegado con ellos y era algo tarde, Christopher se ofreció a ir a dejarnos. Mia estaba tan cansada que no pude decirle que no.
No llevábamos ni cinco minutos andando cuando mi hermana y Kevin se quedaron dormidos, conmigo en medio del asiento trasero, quitándoles espacio para acomodarse.
Christopher detuvo el auto.
-¿Qué pasa?- pregunté, conociendo la respuesta de antemano.
-Siéntate adelante.
-No quiero.- gruñí.
-Melissa, estás estorbándoles.
Qué amable era cuando quería... 
Me cambié de asiento con el ceño fruncido y ni siquiera me digné a mirarlo.
Seguimos nuestro camino en un silencio que se volvía cada vez más incómodo.
-¿Qué tal van las prácticas para el campeonato?- pregunté, más por decir algo que por verdadero interés.
-¿Estás tratando de charlar conmigo?
-Vaya, qué eres listo.- le solté, empezando a molestarme.
-Vamos bien, aunque es un poco agotador.
No dije nada más. Todo eso era tan raro. Estábamos hablando sin gritarnos ni enfadarnos, sin tratar de asesinarnos mentalmente...
Sinceramente, no me agradaba.
-¿Te sientes bien?
-No es algo que tengas que saber.
Suspiró pesadamente, pero no dijo nada más hasta que llegamos a mi casa.
Se bajó y tomó a Mia en brazos.
-También puedo hacerlo. No necesito tu ayuda.- le espeté en cuanto me bajé.
-No te pregunté qué necesitabas.- respondió, enojado.
Abrí la puerta y lo dejé entrar. Lo llevé hasta el cuarto de mi hermana y la tendió en la cama.
Me acerqué, le quité los zapatos y la arropé bien. La contemplé un momento. Se veía tan linda con su carita angelical y su cabello desordenado. La besé en la frente y salimos de la habitación.
Abrí nuevamente la puerta principal para que Christopher se largara de una vez, pero no se movió del umbral.
-No te entiendo, Melissa.- lo miré sin entender.- Hay veces en que me ignoras como si fuera invisible, a ratos eres increíblemente dulce, tratando de no discutir conmigo, y después es como si una especie de monstruo colérico surgiera dentro de ti y te controlara.- suspiró,  ladeando la cabeza.- Me confundes.
La situación era desesperante y comencé a retorcerme las manos.
-No quiero que me entiendas, no lo necesito.- dije lo más calmada que pude.- Lo siento, pero no te quiero en mi vida, no quiero seguir charlando contigo como si fuéramos las personas más cercanas del mundo, no quiero tratarte bien, no quiero.
-Pero lo intentas...
-¡Pero no quiero!- mis nervios estaban a punto de poder conmigo.- No te conozco, y no tengo interés en hacerlo...
-Melissa...
-¡No! No sigas, no quiero. Vete a tu casa y déjame en paz, estoy bien tal como estoy ahora, con mi vida así. No quiero que te metas en mis asuntos y lo enredes todo. No quiero que vuelvas a hablarme...
Su rostro se endureció de pronto y sus ojos se entrecerraron.
-¿Estas segura?
No...
-Sí.
-Está bien.- se dio la vuelta y empezó a caminar hacia su auto. Me dolía el pecho, y no entendía por qué, pero una parte de mí no quería que se fuera. Se giró de pronto, abrió la boca para decir algo pero no lo hizo. Se subió al coche, echó a andar el motor y se fue.
Cerré la puerta y me quedé largo rato con la cabeza apoyada en la fría madera, desorientada, sin saber exactamente qué hacer.

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