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miércoles, 4 de marzo de 2015

Cambios y Chocolates. Parte I.

Me dirigí a mi casillero cuando la jornada finalizó. Debía buscar unos libros para el fin de semana, pero el objetivo principal era hallar a Christopher y regresarle su suéter, y prefería ver si estaba en su taquilla antes que buscarlo en su salón.
Y, en efecto, allí estaba.
-Hmm... ¿Christopher?- llamé insegura, acercándome al sitio donde guardaba sus libros.
-Hola, Melissa, ¿qué sucede?- sonrió.
-Yo... bueno, tengo que...- ¿acaso estaba nerviosa? ¿Qué me estaba pasando? Inspiré profundo antes de reanudar.- Vengo a devolverte tu suéter.
-¡Oh, claro! Lo había olvidado.- la decepción se dibujó en su rostro. ¿Qué habría estado esperando? De improviso sonrió, divertido.- Bueno, si es así, por lo menos deberías quitártelo... a no ser que quieras que me lo lleve contigo dentro.
¡Demonios! Estaba tan cómoda con la prenda que me la había puesto.
-Lo siento...
-No te preocupes.- se acercó, pero instintivamente me alejé hasta chocar contra los casilleros. No tenía salida.- Tranquila, no voy a morderte.- se rió.- Déjame ayudarte.- murmuró, cogiendo el cierre del suéter.
Tragué saliva con fuerza pero no lo aparté. No podía, estaba paralizada. Pero para él fue suficiente.
Bajó la cremallera despacio, mirándome fijamente. Un escalofrío recorrió mi espalda, y cuando al terminar de sacarlo sus dedos rozaron los míos, no pude evitar cerrar los ojos un segundo. Al abrirlos, Christopher estaba tan cerca que pegué un bote y mi cabeza se golpeó contra los casilleros.
-¡Auch!
-¿Estás bien...? ¿Te duele?- pasó su mano con suavidad por mi cabello, como si eso fuera a arreglar algo.
-Estoy bien...- mentí. Estaba muriendo, pero no por el golpe. Me faltaba el aire, mi respiración estaba muy agitada.
-¿Segura?
-Sí. Gracias... por todo.- lo miré a los ojos (primer error) y no lo resistí más. Lo besé en la mejilla (segundo error), y me fui rápidamente.
Para cuando mi cerebro racionalizó mi acto, me giré, asustada de su reacción.
Christopher seguía en la misma posición, pero ahora con la boca semi abierta y una mano en el rosto.
No pude evitarlo.
Simplemente me derretí.
Por primera vez en mi vida.

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