Quedamos de
juntarnos en mi casa a las 8 para irnos juntos a la fiesta.
Alex llegó
inesperadamente a las 7, cuando yo estaba viendo televisión con Mia.
-¿Qué haces
ahí sentada a esta hora?- se escandalizó.
-¿De qué
estás hablando?
-De la
fiesta...
-Pero si aún
queda mucho tiempo.- protesté, señalándole la hora.
-¡Es muy
poco tiempo!- alegó.
Ella llevaba
un bonito vestido turquesa con un cinturón gigante, y el cabello recogido. No
sé de qué se quejaba si estaba lista.
-Pero están
en la mejor parte...
Alex no me
dejó terminar, y me llevó a rastras a mi habitación.
-Entra ahí y
báñate de una vez.- me ordenó.
Obedecí a
regañadientes y en diez minutos ya estaba lista, aunque con el pelo chorreando
agua.
Mi amiga
estaba revisando mi armario con expresión frustrada.
-¿Qué pasa?
-¡No
encuentro nada que puedas ponerte!
-Otra vez
con eso...
-Mel.- me
miró con gravedad.- Debes tener al menos un vestido decente en algún lugar.
-Bueno...
-Mel...
-Hay uno...
pero no voy a ponérmelo.
-¿Dónde?
-No, Alex,
por favor.
Ella no me
hizo caso y siguió revolviéndolo todo por cerca de veinte minutos, hasta que
por fin se rindió.
-Sabía que
algo así podía pasar.- empezó, abriendo un bolso que llevaba consigo.- Así que
traje ¡esto!
Sacó un
vestido demasiado pequeño.
-¡Olvídalo!-
me miró con satisfacción, sabía que me tenía.- Creo... creo que recuerdo dónde
puse ese vestido.- me rendí.
-Perfecto,
te espero abajo.
Me cambié y
me senté a esperar que mi cabello se secara.
No me sentía
con ánimo de ir a esa fiesta.
A las 7:46
llegaron los gemelos, y 20 minutos después Nathan, seguido de Phill.
Nos fuimos
en dos grupos, un auto delante del otro: Alex y Phill en el primero, y luego
los gemelos, Nathan y yo.
No teníamos
idea de la noche que nos esperaba...
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