.

.

sábado, 7 de marzo de 2015

Abandono y Despuegue. Parte II.

Llegamos temprano, había poca gente, la mayoría de ellos en la barra, algunos sentados, y un par bailando.
Tanto Ian como Nathan empezaron a recorrer el local con la mirada, buscando. El primero, decepcionado, se fue a sentar con su hermano; pero el segundo encontró lo que buscaba y no le hizo ninguna gracia.
Su preciosa Kate estaba bailando con Nicholas...
-Nathan, vamos.- lo tomé del brazo y lo llevé a una especie de terraza que había a un lado.
-No importa, Mel.- dijo, mirando hacia la calle.- Ella puede hacer lo que quiera. De todas formas, aunque no estuviera con él, nosotros no tenemos nada.
-¡No puedes rendirte tan fácil!- empecé a enfadarme.- Llevas años, Nathan, años, enamorado de Kate.
-Pero no he hecho nada para estar con ella...
-Bueno, tal vez ya va siendo hora de que reacciones. Antes que alguien se te adelante, ¿no crees?
-¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?- él también comenzó a exasperarse.- A duras penas le hablo, y su sonrisa en serio me lleva a otra dimensión, y ya no soy capaz de entender qué le digo...
Suspiré. No tenía idea de cómo ayudarlo, ¡ni siquiera podía ayudarme a mí misma!
Pero tenía que intentarlo, hacer algo. Él lo haría por mí.
Y yo le debía tanto...
-Nathan...
-No importa, déjalo. Está bien así.-  me miró con una sonrisa en los labios, pero sus puños se apretaban tan fuerte que se hacía daño.
-No pienses así.- lo tomé de las manos para que no se hiriera.- No todo está perdido, siempre puedes seguir intentando.- hizo una mueca sin convicción.- Piensa en Ian, lo de él no tiene remedio, pero esto... tienes tiempo.
-¿Tiempo? Tal vez, pero me faltan muchas cosas.
Abrí la boca para decir algo y acabé cerrándola. ¿Qué caso tenía si era tan terco?
Me miré las manos. Estaban rojas por lo fuerte que él las apretaba.
Claro que le dolía, pero las cosas no iban a arreglarse mágicamente.
-Vamos adentro.
-Sí.
Caminamos tomados de la mano, y eso me recordó nuestra infancia. Cada vez que Nathan tenía miedo, se aferraba a mi mano con fuerza... como en ese momento.
El panorama había cambiado un poco.
El lugar estaba abarrotado de gente, la música sonaba muy fuerte y el aire ya era viciado.
Paul se nos acercó. Iba con una chica muy bonita, que yo no conocía.
-¿Cómo lo están pasando?- nos gritó en medio del ruido.
-No está mal.- grité a mi vez.
-¡¿Qué?!
-¡Que no está mal!
-Ah... ¡Esperen a ver qué sorpresas tenemos para más tarde!- se fue gritando, emocionado.
Vaya que era un sujeto muy raro...

No hay comentarios:

Publicar un comentario