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domingo, 15 de marzo de 2015

¿Y el cuento de hadas...? Parte III.

-Entra al auto de una vez.- gruñó tras bajar la ventanilla.
Lo ignoré y seguí caminando.
No quería estar con él, mucho menos a solas.
Estacionó el auto un par de metros por delante de mí y se bajó. Me alcanzó fácilmente. Se veía enojado.
-Ven.- ordenó.
-Déjame en paz.- traté de seguir mi camino, pero se puso delante, bloqueándome el paso.
-Es la última vez que te lo digo, Melissa, súbete al auto.
Había algo distinto en su manera de hablar, una rudeza que no creí que existiera en alguien que se veía siempre tan dulce y amable. ¿Acaso ése era su verdadero yo?
-Olvídalo.- no iba a subirme con alguien a quien, al parecer, no conocía.
-En ese caso, no pienso seguir siendo amable contigo.- sentenció duramente, y a continuación me tomó del brazo y comenzó a tirar de mí en dirección al vehículo.
-¡Oye! ¡Déjame!- me solté con algo de dificultad y traté de escapar de él. No tenía miedo; estaba furiosa.
Y al parecer, él también. Volvió a sujetarme, esta vez con más fuerza.
-¡Vamos!
-¡No quiero! ¡Suéltame!
-¡No me importa lo que quieras! Si tengo que arrastrarte hasta el auto para que tu resfriado no empeore, créeme, lo voy a hacer.
Me quede de piedra. ¿Estaba molesto... porque no me estaba cuidando? ¿Qué clase de cerebro tenía ese sujeto?
En eso, la ventanilla trasera del auto se abrió, y Paul se asomó por ella.
-¡Oigan!- gritó.- ¡Quiero irme a casa también! ¡Entren!
Suspiré, resignada.
-Voy a ir, pero no por ti.
-No necesito que hagas nada por mí, Melissa. Sólo... sólo súbete ya.- murmuró desviando la vista.
Le hice caso, y me senté atrás, junto a Paul. No tenía ganas de ir todo el camino viéndole la cara a Christopher.
Él también se subió, y arrancó el motor en silencio, sin mirar a nadie.
Paul se acercó mucho, lo suficiente como para alcanzar mi oído y susurrar:
-¿Qué hiciste para que se enojara?
Apoyé mi mejilla contra la suya, así el alcanzaba mi oído y yo el suyo; de ese modo podíamos susurrar en paz, sin peligro de ser escuchados por el conductor.
-Que yo sepa, caminar bajo la lluvia...
-Mmm... esto se está volviendo muy serio.
-¿De qué hablas?- mi corazón se aceleró, no supe por qué.
-Bueno... la última vez que lo vi así de molesto fue hace unos tres años, cuando unos niños golpearon a su hermano, Kevin.- eso me sorprendió enormemente, y peor aún, me dejo confundida.- Creí que sólo eran celos, pero se ve... herido. Y mucho. Jamás lo había visto así por una chica, y lo conozco desde hace mucho tiempo.
-No entiendo...
-Yo algo, pero no demasiado.- hizo una pausa para suspirar.- Lamento decírtelo, pero está enojado de verdad. Es algo que casi no sucede, pero cuando pasa, parece eterno. Peor aún, parece estar enojado con él mismo... ah, va a ser un dolor de cabeza para todo el que se le cruce.
El auto se detuvo.
-Llegamos. Bájate.- dijo secamente, mirando por el espejo retrovisor.
-Gracias por traerme.- murmuré.
-Cuídate, bonita.- Paul me besó en la mejilla.- ¡Estás ardiendo! Yo diría que tienes fiebre.- apoyó su frente contra la mía.- Sí, estás muy caliente. Deberías ir a acostarte, y...
Christopher golpeó el volante, interrumpiendo a su amigo.
-Ella es bastante grande para saber qué tiene que hacer, Paul. Deja que se baje.
-Adiós...
-Melissa...- Paul trató de detenerme, pero me bajé y corrí hasta mi casa, hasta mi habitación.
Estaba llorando.
Me dolía el corazón, si es que aún tenía uno.
Me puse pijama, sequé mi cabello y bajé a prepararme un té.
-¿Te sientes mal, Mel?- mamá estaba preparando la cena.
-Algo... creo que tengo fiebre.
-Deberías quedarte en cama hasta que te recuperes del todo, no quiero que te dé algo grave.
-De acuerdo. Voy a dormir un rato...
No tenía ganas de hablar, y sentía que me escocían los ojos. No podía dejar que mamá me viera llorar.

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