.

.

martes, 10 de marzo de 2015

Reconstrucción del Pasado. Parte III.

Durante el almuerzo me escapé de mis amigos y salí al patio. Llovía fino, pero mojaba bastante. No me importó.
Caminé despacio, en dirección a la nada, con las manos en los bolsillos y el corazón abierto de par en par.
Estábamos a inicio de semana, y lo único que quería era dormir. Me dejé caer en un banco, aferrada a ese pensamiento.
Dormir para no pensar.
Dormir para no sentir.
Me sentía partida por la mitad.
Una mitad me decía que era una estúpida al haber querido creer que Christopher era especial, diferente. Me torturaba, me traía a la mente los recuerdos de sus besos, del calor de su rostro junto al mío, de sus palabras, que acabaron por ser vacías. Se sentía tan bien estar cerca suyo, ver que su sonrisa era para mí, pensar que a él le sucedía algo similar, que no había hecho caso de mis propios reparos. Y era mi culpa, por confiar, por creer a pesar de lo que la experiencia me decía.
La otra mitad opinaba que no debía darle importancia a algo como eso. Christopher era sólo un chico más en el mundo, y de seguro no sería el último en hacerme daño. Insistía en que mis sentimientos por él no eran gran cosa, que pasarían con un poco de tiempo, y acabarían por ser la indiferencia que alguna vez fueron... aun cuando sabía que esa indiferencia eran miedo y atracción, cubiertas por la rabia de sus comentarios y críticas.
Ambas mitades, mi ser entero, sufría. Dolía mucho.
Daba igual qué parte tenía razón, si existían más explicaciones, si no había nada que entender. Todo eso daba lo mismo. El punto era que Christopher Davis había entrado a mi corazón, quién sabe por qué diminuta rendija que olvidé tapar, me había hecho sentir especial, querida... para luego ir detrás de otra. De otras, para ser más precisa.
¡Y ni siquiera se le ocurrían maneras originales!
-Maldición...- mascullé.
Estornudé. Y otra vez. Y otra más.
Había olvidado por completo mi facilidad para enfermarme... ¿cuánto tiempo llevaba ya en la lluvia?
Sentía que mis piernas fallaban, y un calor sofocante subía por mi garganta hasta mis mejillas.
Pero no quería entrar. La lluvia me calmaba, me liberaba un poco de la realidad, de esa dura realidad que no quería vivir.
Habría cedido ante la tentación de salir del colegio e irme a caminar entre los árboles del parque si no hubiera sido porque dejé de sentir el mundo...


Un olor a talco y alcohol me devolvieron la consciencia.
No quise abrir los ojos.
¿Un hospital? ¿O sólo la enfermería del colegio? ¿O, tal vez, aún estaba sentada en la banca, con la lluvia cayendo, delirando por la fiebre?
Estuviera donde estuviese, había un silencio absoluto, aunque me pareció que se interrumpía por un suspiro...
La puerta se abrió, y el sonido de unos tacones acompañó a un penetrante perfume de mujer.
-Ya te has saltado las clases. Es hora de que vayas a tu casa.
¿Louise Walker? ¿Era ella? ¿O mi imaginación?
Un gruñido bajo fue toda su respuesta.
La puerta volvió a abrirse y cerrarse, algo más bruscamente.
-Si esto fue tu culpa, te haré pagarlo caro, Davis.- un James alterado trataba de hablar bajo.
-Cálmate.- la voz de Christopher se notaba tensa, pero tan triste que apenas se oía.- Sólo la vi tirada afuera y la traje. No sé qué pasó. No ha despertado.
Traté de abrir los ojos, pero me pesaban mucho.
Ambos se notaban preocupados. Eso me hacía sentir culpable...
Y luego recordé porqué había estado bajo la lluvia, y quise pararme y gritarle a Christopher en su estúpida cara que se largara del lugar, de mi vida... y de mi corazón.
En eso entró alguien más.
-Veo que estás despierta.- era la enfermera, la mamá de Louise.- No te esfuerces en abrir los ojos, tu fiebre está muy alta. Llamé a tu casa, pero nadie contestó. Te llevaría, pero mi auto esta estropeado.
-Ah... mm... -quise decirle que estaba bien, que ya conseguiría como irme. Pero no me salía la voz de la forma en que quería. Tenía la garganta reseca, y ardía.
-¿Mel? Si sientes que estás viva, saca la lengua.- era Nathan. Me sentí aliviada de saber que estaba a mi lado.
No saqué la lengua, pero reí.
Fue suficiente para todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario