Me desperté
con ganas de seguir durmiendo, de dormir para siempre en mi cómoda y tibia
cama. Pero Mia no iba a permitirlo.
-¡Bueeeenoooooos díaaaaaaas!- gritó con su vocecita chillona, saltando sobre la
cama.
Gruñí por lo bajo, pero mi hermana me dio un beso en la mejilla y el enfado se acabó ahí. Mia era la única capaz de calmarme de esa manera tan instantánea.
-Hola, Mia. ¿Qué haces despierta tan temprano?- le acaricié la cabeza.
-Me duele el espacio vacío de mi diente.- me sonrió mostrándome el lugar donde
le habían sacado su diente de leche.
-¿Qué estuviste comiendo?
-Emm... una tostada...
-Mia...
-¡Es que tenía muchas ganas de comer una tostada!- alegó en su defensa. Sonreí.
-Está bien, come lo que quieras. Ahora vete, debo levantarme.
-Te quieroooooo.- gritó mientras corría escaleras abajo.
Salí de la cama, me metí a la ducha y por fin desperté del todo. Me puse unos
vaqueros oscuros, una blusa azul marino y un suéter verde, me calcé las
zapatillas y bajé a desayunar.
Demian estaba charlando con mamá, mientras Mia revoloteaba por ahí con la boca
llena de tostada.
Me senté en silencio, comí mi yogurt con cereales y una manzana que había en el
frutero, y fui a buscar mis cosas. Cuando volví Demian estaba esperándome.
-¿Te llevo?
-Claro.- sonreí. No era usual que mi hermano se ofreciera a llevarme en su
adorada camioneta. Pero no iba a reclamar si andaba tan amable.- Gracias.
Llegamos al instituto con hermosos quince minutos de adelanto, me bajé del auto
y Demian se fue rumbo a la universidad. Él estaba estudiado administración de
hoteles y restaurantes, y su sueño era tener un negocio de hotelería
familiar, que su futura esposa (que aún no conocía) y sus hijos (que planeaba
tener) le ayudaran a manejar.
Había un hermoso gatito en la entrada del instituto y, para mi mala suerte, me
quede mirándolo como idiota mientras caminaba hacia la puerta.
-¡Auch!
Caí al suelo y oí como alguien o algo más caía.
-¡Fíjate por donde vas!
-Lo siento.- me disculpé. Era un jugador de rugby, gigante y de aspecto nada
amable.
-¡Mira cómo quedó mi camiseta!- reclamó, señalando una mancha de barro que tenía
encima, ya que cayó en una posa. ¿Cómo pudo caer él también, siendo tan grande
y yo tan pequeña? ¿Sería por lo resbaladizo que estaba todo tras la lluvia?
Increíble…
-Ya dije que lo lamento, no fue mi intención.- me disculpé por segunda vez. No
solía hacerlo, y este tipo ya me había hecho repetirlo.
-¡Con una disculpa no se va a limpiar!- gritó estúpidamente.
-Oye, déjala en paz, ya te dijo que lo siente.
Me di vuelta y vi a Christopher con el ceño fruncido. ¿Me estaba defendiendo?
¿A mí, que era cínica y mordaz con él cada vez que podía?
-¡No te metas! ¿Acaso quieres problemas, Davis?
-Eres muy cobarde para amenazar a una chica, Harrison.
-Con que eso crees, ¿eh?- el sujeto enorme avanzó hacia Christopher con cara de
malas intenciones.
Josh, Ian y Paul llegaron en ese momento.
Por muy grande que fuera, debió de entender que eran cuatro contra uno, de modo
que, tras empujar violentamente a Christopher, se marchó sin más, dando por
saldada la cuenta.
-¿Estás bien?- le pregunto Josh a mi defensor, mientras Paul lo ayudaba a
mantener el equilibrio tras el empujón.
-Sí, gracias Josh. No fue nada.- pero se sujetaba el hombro con una leve expresión
de dolor.
-Ven, vamos a la enfermería.- Paul se lo llevó, sin darme tiempo a reaccionar o
darle las gracias. ¿Enfermería? Pero si no había sido gran cosa…
-¿Qué pasó, Mel? ¿Por qué Harrison estaba armando líos con Christopher? ¿Y por
qué tú estabas ahí en medio?- Ian no lograba entender nada.
Y yo no lograba pronunciar palabra. ¿Por qué ese tipejo fastidioso de
Christopher me había defendido de un sujeto dos veces más grande y musculoso
que él?
-¿Mel?- Josh me tocó el brazo.
-Ah, lo siento. Yo... empujé a ese sujeto sin querer y su camiseta se manchó y
empezamos a discutir...
-¿Y Christopher te defendió?- se asombró su gemelo.
-Eso creo...
-Y tú que siempre estás enfadada con él...
-¡Él empieza!
-Lo hace sin mala intención, Mel.- trataba de hacerme ver Ian.
Me di la vuelta, molesta, y entré al edificio, para luego encaminarme al salón
de literatura. No tenía tiempo para estar reflexionando sobre las extrañas
conductas de un sujeto que sólo sabía fastidiar, incluso cuando intentaba hacer
algo bueno.
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